Valera 1602 Purificada · Nuevo Testamento

Marcos 4

41 versículos · Equivalencia formal · Texto Recibido · español clásico

Se han quitado los guiones de corte invisibles del archivo original; el texto no se ha alterado.

1Y Otra vez comenzó a enseñar junto al mar, y se allegó a él una gran multitud; tanto que entrándose él en un barco, se sentó en el mar, y toda la multitud estaba en tierra junto al mar. 2Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y aconteció que al sembrar, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la devoraron. 5Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació inmediatamente, porque no tenía la tierra profunda. 6Mas salió el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz se secó. 7Y otra parte cayó en espinas; y crecieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció; y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento. 9Y les decía: El que tiene oídos para oír, oiga. 10Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban alrededor de él con los doce, de la parábola. 11Y él les decía: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todas las cosas se les hacen por parábolas; 12Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan: porque alguna vez no se conviertan, y les sean perdonados [sus] pecados. 13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas? 14El sembrador siembra la palabra. 15Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, inmediatamente viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones. 16Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oído la palabra, inmediatamente la reciben con gozo; 17Y no tienen raíz en sí mismos, antes son temporales; que en levantándose la tribulación, o la persecución por causa de la palabra, inmediatamente se ofenden. 18Y éstos son los que son sembrados entre espinas, los que oyen la palabra; 19Mas los afanes de este mundo, y el engaño de las riquezas, y las concupiscencias que hay en las otras cosas entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra y [la] reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, otro a ciento. 21Y les decía: ¿Acaso se trae la candela debajo de un almud, o debajo de la cama? ¿No [la trae] para ser puesta en el candelero? 22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que no haya de venir en descubierto. 23Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 24Y les decía: Mirad lo que oís: Con la medida que medís, os será medido, y será añadido a vosotros los que oís. 25Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echase simiente en la tierra; 27Y durmiese, y se levantase de noche y de día, y la simiente brotase y creciese sin saber él como. 28Porque la tierra de suyo fructifica, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29Y cuando el fruto fuere producido, inmediatamente él mete la hoz, porque la siega es llegada. 30También decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué comparación le compararemos? 31[Es] como el grano de mostaza, que cuando es sembrado en la tierra, es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra; 32Mas cuando fuere sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan posar debajo de su sombra. 33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34Y sin parábola no les hablaba; mas cuando estaban solos, declaraba todas las cosas a sus discípulos. 35Y les dijo aquel día, cuando fue tarde: Pasemos al otro lado. 36Y enviada la multitud, le tomaron así como estaba, en la nave, y había también con él otros barquitos. 37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se llenaba. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perezcamos? 39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fue hecha grande bonanza. 40Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis tan temerosos? ¿Cómo es que no tenéis fe? 41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

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