25 de diciembre
Mañana
Isaías 7:14«He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.»Bajemos hoy a Belén y, en compañía de pastores asombrados y de magos adoradores, veamos a aquel que nació Rey de los judíos, pues nosotros, por la fe, podemos reclamar parte en él, y podemos cantar: «un niño nos es nacido, hijo nos es dado». Jesús es Jehová encarnado, nuestro Señor y nuestro Dios, y sin embargo nuestro hermano y amigo; adoremos y admiremos. Notemos, ya al primer vistazo, su concepción milagrosa. Era cosa nunca oída antes, y sin paralelo desde entonces, que una virgen concibiera y diera a luz un Hijo. La primera promesa decía así: «La simiente de la mujer», no el descendiente del varón. Puesto que la mujer osada tomó la delantera en el pecado que produjo el Paraíso perdido, ella, y solo ella, introduce al que recobra el Paraíso. Nuestro Salvador, aunque verdaderamente hombre, era, en cuanto a su naturaleza humana, el Santo de Dios. Inclinémonos con reverencia ante el santo Niño, cuya inocencia restituye a la humanidad su gloria antigua; y oremos para que él sea formado en nosotros, la esperanza de gloria. No dejes de notar su humilde linaje. A su madre se la ha descrito sencillamente como «la virgen», no una princesa, ni una profetisa, ni una matrona de gran hacienda. Cierto que la sangre de reyes corría por sus venas; ni era la suya una mente débil y sin instrucción, pues podía cantar con suma dulzura un cántico de alabanza; pero, con todo, ¡qué humilde su posición, qué pobre el hombre con quien estaba desposada, y qué mísero el alojamiento dado al Rey recién nacido!
Emmanuel, Dios con nosotros en nuestra naturaleza, en nuestro dolor, en la obra de nuestra vida, en nuestro castigo, en nuestra tumba, y ahora con nosotros, o más bien nosotros con él, en la resurrección, la ascensión, el triunfo y el esplendor de la Segunda Venida.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Job 1:5«Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado á Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.»Lo que el patriarca hacía temprano por la mañana, después de las fiestas de la familia, bien estará que el creyente lo haga por sí mismo antes de descansar esta noche. En medio de la alegría de las reuniones del hogar es fácil deslizarse a liviandades pecaminosas, y olvidar el carácter que profesamos como cristianos. No debería ser así, pero así es: nuestros días de banquete muy rara vez son días de gozo santificado, y con demasiada frecuencia degeneran en alegría profana. Hay un modo de gozo tan puro y santificador como si uno se bañara en los ríos del Edén: la gratitud santa debería ser un elemento tan purificador como el dolor. ¡Ay de nuestros pobres corazones, pues los hechos prueban que la casa del luto es mejor que la casa del convite! Ven, creyente, ¿en qué has pecado hoy? ¿Has estado olvidadizo de tu alto llamamiento? ¿Has sido igual que los demás en palabras ociosas y pláticas ligeras? Entonces confiesa el pecado, y huye al sacrificio. El sacrificio santifica. La sangre preciosa del Cordero inmolado quita la culpa, y purga la contaminación de nuestros pecados de ignorancia y de descuido. Este es el mejor término de un día de Navidad: lavarse de nuevo en la fuente que limpia. Creyente, ven a este sacrificio de continuo; si es tan bueno esta noche, es bueno todas las noches. Vivir junto al altar es el privilegio del real sacerdocio; para ellos el pecado, por grande que sea, no es sin embargo causa de desesperación, pues se acercan aún otra vez a la víctima que expía el pecado, y su conciencia queda purgada de obras de muerte.
Con alegría cierro este día de fiesta,
Asiendo el cuerno sagrado del altar;
Mis deslices y faltas quedan lavados,
El Cordero ha llevado toda mi transgresión.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde