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21 de diciembre

Mañana

2 Samuel 23:5«sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo»

Este pacto es divino en su origen. «Él ha hecho conmigo pacto perpetuo.» ¡Oh, esa gran palabra: Él! Detente, alma mía. Dios, el Padre eterno, ha hecho positivamente un pacto contigo; sí, ese Dios que con una palabra trajo el mundo a la existencia; él, bajándose desde su majestad, te toma de la mano y hace un pacto contigo. ¿No es un hecho cuya estupenda condescendencia podría arrebatar nuestros corazones para siempre, si de veras pudiéramos comprenderlo? «ÉL ha hecho conmigo un pacto.» No ha hecho un pacto conmigo un rey —eso ya sería algo—, sino el Príncipe de los reyes de la tierra, Shaddai, el Señor Todo-suficiente, el Jehová de los siglos, el Elohim eterno: «Él ha hecho conmigo pacto perpetuo.» Pero fíjate: es particular en su aplicación. «Sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo.» Aquí está su dulzura para cada creyente. De nada me sirve que haya hecho la paz para el mundo; ¡quiero saber si hizo la paz para mí! Poco es que haya hecho un pacto; quiero saber si ha hecho un pacto conmigo. ¡Bienaventurada la certeza de que ha hecho un pacto conmigo! Si Dios el Espíritu Santo me da certeza de esto, entonces su salvación es mía, su corazón es mío, él mismo es mío: él es mi Dios.

Este pacto es eterno en su duración. Un pacto eterno significa un pacto que no tuvo principio, y que nunca, nunca tendrá fin. ¡Qué dulce es, en medio de todas las incertidumbres de la vida, saber que «el fundamento de Dios está firme», y tener la propia promesa de Dios: «No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios»! Como David moribundo, cantaré de esto, aunque mi casa no sea para con Dios como mi corazón lo desea.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Ezequiel 16:10«Y te vestí de bordado, y te calcé de tejón, y ceñíte de lino, y te vestí de seda.»

Mira con qué generosidad sin igual provee el Señor el vestido de su pueblo. Van ataviados de tal modo que se ve el arte divino produciendo una labor de bordado sin rival, en la cual cada atributo toma su parte y cada belleza divina queda revelada. No hay arte como el arte desplegado en nuestra salvación, ni hechura tan hábil como la que se contempla en la justicia de los santos. La justificación ha absorbido plumas doctas en todas las edades de la Iglesia, y será tema de admiración en la eternidad. Dios, en verdad, «la ha labrado con arte primoroso». Con toda esta elaboración se mezclan la utilidad y la durabilidad, comparables a nuestro estar calzados con pieles de tejón. El animal al que aquí se alude es desconocido, pero su piel cubría el tabernáculo, y formaba uno de los cueros más finos y más fuertes que se conocen. La justicia que es de Dios por la fe permanece para siempre, y quien está calzado con esta preparación divina hollará con seguridad el desierto, y aun podrá poner el pie sobre el león y el áspid. La pureza y la dignidad de nuestra santa vestidura se destacan en el lino fino. Cuando el Señor santifica a su pueblo, lo viste como a sacerdotes, de blanco puro; ni la nieve misma los aventaja; a los ojos de los hombres y de los ángeles son hermosos de ver, y aun a los ojos del Señor están sin mancha. Entretanto, el vestido real es delicado y rico como la seda. No se escatima gasto alguno, no se retiene belleza alguna, no se niega delicadeza alguna.

¿Qué, pues? ¿No se sigue nada de esto? Ciertamente hay gratitud que sentir y gozo que expresar. ¡Ven, corazón mío, no rehúses tu aleluya de la tarde! ¡Afina tus flautas! ¡Toca tus cuerdas!

De modo extraño, alma mía, vas ataviada por los grandes Tres sagrados. En la más dulce armonía de alabanza concuerden todas tus potencias.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde