20 de diciembre
Mañana
Jeremías 31:3«Con amor eterno te he amado»A veces el Señor Jesús dice a su Iglesia los pensamientos de su amor. «Él no cree que baste decirlo a espaldas de ella, sino que en su misma presencia dice: “Toda tú eres hermosa, amiga mía”. Es verdad que este no es su método ordinario; es un amante sabio, y sabe cuándo retener la indicación del amor y cuándo dejarla salir; pero hay tiempos en que no hará de ello secreto alguno; tiempos en que lo pondrá fuera de toda disputa en las almas de su pueblo» (Sermones de R. Erskine). El Espíritu Santo se complace a menudo, del modo más lleno de gracia, en dar testimonio junto con nuestros espíritus del amor de Jesús. Toma de las cosas de Cristo y nos las revela. No se oye voz desde las nubes, ni se ve visión en la noche, pero tenemos un testimonio más seguro que cualquiera de estas. Si un ángel volara desde el cielo e informara al santo, personalmente, del amor del Salvador hacia él, la evidencia no sería ni un ápice más satisfactoria que la que el Espíritu Santo da en el corazón. Pregunta a aquellos del pueblo del Señor que han vivido más cerca de las puertas del cielo, y te dirán que han tenido tiempos en que el amor de Cristo hacia ellos ha sido un hecho tan claro y tan seguro, que no podían dudar de él más de lo que podían cuestionar su propia existencia. Sí, amado creyente, tú y yo hemos tenido tiempos de refrigerio de la presencia del Señor, y entonces nuestra fe ha subido hasta las cumbres más altas de la certeza. Hemos tenido confianza para reclinar la cabeza sobre el pecho de nuestro Señor, y no hemos cuestionado el afecto de nuestro Maestro hacia nosotros más de lo que lo hizo Juan en aquella postura bienaventurada; no, ni tanto: porque la pregunta oscura, «Señor, ¿soy yo el que te ha de entregar?», ha sido puesta lejos de nosotros. Él nos ha besado con los besos de su boca, y ha matado nuestras dudas con lo estrecho de su abrazo. Su amor ha sido más dulce que el vino para nuestras almas.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Mateo 20:8«Llama á los obreros y págales el jornal»Dios es un buen pagador; paga a sus siervos mientras trabajan, lo mismo que cuando ya han terminado; y uno de sus pagos es este: una conciencia tranquila. Si has hablado con fidelidad de Jesús a una persona, al acostarte por la noche te sientes feliz al pensar: «Hoy he descargado mi conciencia de la sangre de ese hombre». Hay un gran consuelo en hacer algo por Jesús. ¡Oh, qué felicidad poner joyas en su corona, y darle a ver el trabajo de su alma! Hay también grandísima recompensa en observar los primeros brotes de convicción en un alma. Decir de aquella niña de la clase: «Es tierna de corazón; de veras espero que esté dentro de ella la obra del Señor». Ir a casa y orar por aquel niño que dijo algo por la tarde que te hizo pensar que debía de saber más de la verdad divina de lo que habías temido. ¡Oh, el gozo de la esperanza! Pero en cuanto al gozo del éxito, ¡es indecible! Este gozo, por abrumador que sea, es cosa hambrienta: te consumes por tener más de él. Ser ganador de almas es lo más dichoso del mundo. Con cada alma que traes a Cristo, recibes un cielo nuevo sobre la tierra. Pero ¿quién puede concebir la bienaventuranza que nos espera arriba? ¡Oh, cuán dulce es aquella frase: «entra en el gozo de tu señor»! ¿Sabes cuál es el gozo de Cristo por un pecador salvo? Este es precisamente el gozo que hemos de poseer en el cielo. Sí: cuando él suba al trono, tú subirás con él. Cuando los cielos resuenen con «¡Bien hecho, bien hecho!», participarás de la recompensa; has bregado con él, has sufrido con él, ahora reinarás con él; has sembrado con él, segarás con él; tu rostro estuvo cubierto de sudor como el suyo, y tu alma se dolió por los pecados de los hombres como se dolió la suya; ahora tu rostro brillará con el esplendor del cielo, como brilla su semblante, y ahora tu alma se llenará de gozos beatíficos, así como se llena la suya.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde