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19 de diciembre

Mañana

Proverbios 16:33«La suerte se echa en el seno: mas de Jehová es el juicio de ella.»

Si la disposición de la suerte es del Señor, ¿de quién es el arreglo de toda nuestra vida? Si el simple echar de una suerte es guiado por él, ¿cuánto más los sucesos de toda nuestra vida, especialmente cuando nuestro bendito Salvador nos dice: «Pues aun vuestros cabellos están todos contados; ni un pajarillo cae á tierra sin vuestro Padre»? Traería una santa calma sobre tu mente, querido amigo, si siempre recordaras esto. Aliviaría tanto tu mente de la ansiedad, que mejor podrías andar en paciencia, quietud y alegría, como debe hacerlo un cristiano. Cuando un hombre está ansioso, no puede orar con fe; cuando está turbado por el mundo, no puede servir a su Maestro: sus pensamientos lo están sirviendo a él mismo. Si quisieras «buscar primeramente el reino de Dios y su justicia», todas las cosas te serían entonces añadidas. Te estás entrometiendo en el negocio de Cristo, y descuidando el tuyo, cuando te afanas por tu suerte y tus circunstancias. Has estado intentando la obra de «proveer», y olvidando que lo tuyo es obedecer. Sé sabio y atiende al obedecer, y deja que Cristo se encargue del proveer. Ven y recorre el almacén de tu Padre, y pregunta si te dejará morir de hambre mientras tiene reservada tan grande abundancia en su granero. Mira su corazón de misericordia; ¡mira si ese puede jamás mostrarse desamorado! Mira su sabiduría inescrutable; mira si esa ha de fallar alguna vez. Sobre todo, alza los ojos a Jesucristo, tu Intercesor, y pregúntate: mientras él intercede, ¿puede tu Padre tratarte sin gracia? Si él se acuerda aun de los pajarillos, ¿olvidará a uno de los más pequeños de sus pobres hijos? «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.»

Alma mía, descansa dichosa en tu humilde estado, ni esperes ni desees ser estimada o grande; tomar la impronta de la Voluntad divina, sea esa tu gloria, y esas riquezas, tuyas.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Apocalipsis 21:1«y el mar ya no es.»

Apenas podríamos regocijarnos ante la idea de perder el glorioso y antiguo océano: los cielos nuevos y la tierra nueva no son en nada más hermosos para nuestra imaginación si, en efecto, literalmente no ha de haber un mar grande y ancho, con sus olas resplandecientes y sus orillas cubiertas de conchas. ¿No ha de leerse el texto como una metáfora, teñida del prejuicio con que la mente oriental miraba universalmente el mar en los tiempos antiguos? Un mundo físico real sin mar es cosa triste de imaginar; sería un anillo de hierro sin el zafiro que lo hacía precioso. Tiene que haber aquí un sentido espiritual. En la nueva dispensación no habrá división: el mar separa a las naciones y aparta a los pueblos unos de otros. Para Juan, en Patmos, las aguas profundas eran como muros de prisión, que lo excluían de sus hermanos y de su obra: no habrá tales barreras en el mundo venidero. Leguas de olas que ruedan se interponen entre nosotros y más de un pariente de quien esta noche nos acordamos en oración, pero en el mundo resplandeciente adonde vamos habrá comunión ininterrumpida para toda la familia redimida. En este sentido, ya no habrá mar. El mar es el emblema del cambio; con sus flujos y sus reflujos, su tersura de vidrio y sus olas montañosas, sus suaves murmullos y sus bramidos tumultuosos, nunca permanece igual por mucho tiempo. Esclavo de los vientos veleidosos y de la luna mudable, su inestabilidad es proverbial. En este estado mortal tenemos demasiado de esto; la tierra es constante solo en su inconstancia, pero en el estado celestial todo cambio doloroso será desconocido, y con él todo temor de tempestad que haga naufragar nuestras esperanzas y ahogue nuestros gozos. El mar de vidrio resplandece con una gloria que ninguna ola interrumpe. Ninguna tempestad aúlla a lo largo de las riberas pacíficas del paraíso. ¡Pronto alcanzaremos aquella tierra feliz donde las separaciones, y los cambios, y las tormentas habrán terminado! Jesús nos conducirá suavemente hasta allí. ¿Estamos en él, o no? Esta es la gran pregunta.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde