18 de diciembre
Mañana
Joel 2:13«lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos»Lacerar las vestiduras, y otras señales exteriores de emoción religiosa, se manifiestan con facilidad y con frecuencia son hipócritas; pero sentir el verdadero arrepentimiento es mucho más difícil y, por consiguiente, mucho menos común. Los hombres atenderán a las reglas ceremoniales más multiplicadas y minuciosas —pues tales cosas agradan a la carne—, pero la religión verdadera es demasiado humillante, demasiado escudriñadora del corazón, demasiado cabal para el gusto de los hombres carnales; prefieren algo más ostentoso, endeble y mundano. Las observancias exteriores son cómodas por un tiempo; el ojo y el oído se complacen; se alimenta el engreimiento, y se infla la justicia propia; pero a la postre son engañosas, porque en el artículo de la muerte, y en el día del juicio, el alma necesita algo más sólido que ceremonias y ritos en que apoyarse. Apartada de la piedad vital, toda religión es enteramente vana; ofrecida sin un corazón sincero, toda forma de culto es una farsa solemne y una burla insolente de la majestad del cielo.
Lacerar el corazón es obra que Dios efectúa, y se siente con solemnidad. Es un dolor secreto que se experimenta en persona, no en mera forma, sino como una obra profunda del Espíritu Santo, que mueve el alma, sobre el corazón más íntimo de cada creyente. No es asunto del que meramente se hable y en el que se crea, sino que se siente con agudeza y con sensibilidad en todo hijo vivo del Dios vivo. Es poderosamente humillante, y purga el pecado por completo; pero luego prepara con dulzura para aquellos consuelos de gracia que los espíritus soberbios y no humillados no pueden recibir; y es claramente discriminador, pues pertenece a los elegidos de Dios, y solo a ellos.
El texto nos manda lacerar nuestros corazones, pero son por naturaleza duros como el mármol: ¿cómo, pues, puede hacerse esto? Hemos de llevarlos al Calvario: la voz de un Salvador moribundo hendió una vez las rocas, y es igual de poderosa ahora. Oh Espíritu bendito, haznos oír los clamores de muerte de Jesús, y nuestros corazones se lacerarán, así como los hombres laceran sus vestiduras en el día del lamento.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Proverbios 27:23«Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; pon tu corazón á tus rebaños:»Todo mercader sabio hará de vez en cuando un inventario, en el cual sumará sus cuentas, examinará lo que tiene a la mano y averiguará de manera decisiva si su comercio prospera o decae. Todo hombre que es sabio en el reino de los cielos clamará: «Examíname, oh Dios, y pruébame»; y apartará con frecuencia tiempos especiales para el examen propio, a fin de descubrir si las cosas están bien entre Dios y su alma. El Dios a quien adoramos es un gran escudriñador del corazón; y antiguamente sus siervos lo conocían como el Señor, «que escudriña el corazón y prueba los riñones de los hijos de los hombres». Permíteme incitarte en su nombre a hacer diligente búsqueda y solemne prueba de tu estado, no sea que no alcances el reposo prometido. Lo que hace todo hombre sabio, lo que Dios mismo hace con todos nosotros, te exhorto a que lo hagas contigo mismo esta tarde. Que el santo de más edad mire bien los fundamentos de su piedad, porque las cabezas canas pueden cubrir corazones negros; y no desprecie el joven profesante la palabra de advertencia, porque el verdor de la juventud puede ir unido a la podredumbre de la hipocresía. De cuando en cuando un cedro cae en medio de nosotros. El enemigo continúa todavía sembrando cizaña entre el trigo. No es mi propósito introducir dudas y temores en tu mente; no, en verdad, sino que más bien espero que el viento áspero del examen propio ayude a ahuyentarlos. No es la seguridad, sino la seguridad carnal, la que quisiéramos matar; no la confianza, sino la confianza de la carne, la que quisiéramos derribar; no la paz, sino la paz falsa, la que quisiéramos destruir. Por la sangre preciosa de Cristo, que no fue derramada para hacerte hipócrita, sino para que las almas sinceras manifestaran su alabanza, te ruego que escudriñes y mires, no sea que al fin se diga de ti: «Mene, Mene, Tekel: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde