16 de diciembre
Mañana
Mateo 11:28«Venid á mí»El clamor de la religión cristiana es la palabra suave: «Venid». La ley judía decía con dureza: «Ve, atiende a tus pasos en cuanto a la senda en que has de andar. Quebranta los mandamientos, y perecerás; guárdalos, y vivirás». La ley era una dispensación de terror, que empujaba a los hombres delante de sí como con un azote; el evangelio atrae con cuerdas de amor. Jesús es el buen Pastor que va delante de sus ovejas, mandándoles que lo sigan, y conduciéndolas siempre hacia adelante con la dulce palabra: «Venid». La ley repele; el evangelio atrae. La ley muestra la distancia que hay entre Dios y el hombre; el evangelio tiende un puente sobre ese abismo tremendo, y hace pasar al pecador al otro lado.
Desde el primer momento de tu vida espiritual hasta que seas introducido en la gloria, el lenguaje de Cristo para contigo será: «Venid, venid á mí». Como una madre extiende el dedo hacia su niño pequeño y lo atrae para que ande, diciendo: «Ven», así hace Jesús. Irá siempre delante de ti, mandándote que lo sigas como el soldado sigue a su capitán. Irá siempre delante de ti para allanarte el camino y despejarte la senda, y oirás su voz alentadora llamándote en pos de él a lo largo de toda la vida; mientras que en la hora solemne de la muerte, las dulces palabras con que te introducirá en el mundo celestial serán: «Venid, benditos de mi Padre».
Es más: este no es solamente el clamor de Cristo hacia ti, sino que, si eres creyente, este es tu clamor hacia Cristo: «¡Ven! ¡ven!». Anhelarás su segundo advenimiento; estarás diciendo: «Ven pronto, así sea; ven, Señor Jesús». Jadearás por una comunión más cercana y más estrecha con él. Como su voz hacia ti es «Venid», tu respuesta hacia él será: «Ven, Señor, y mora conmigo. Ven, y ocupa tú solo el trono de mi corazón; reina allí sin rival, y conságrame enteramente a tu servicio».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Isaías 48:8«Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oreja»Es doloroso recordar que, en cierto grado, esta acusación puede ponerse a la puerta de los creyentes, quienes con demasiada frecuencia son, en alguna medida, espiritualmente insensibles. Bien podemos dolernos de que no oímos la voz de Dios como debiéramos: «Sí, nunca lo habías oído». Hay suaves mociones del Espíritu Santo en el alma que quedan desatendidas por nosotros; hay susurros de mandato divino y de amor celestial que por igual pasan inadvertidos para nuestros intelectos de plomo. ¡Ay!, hemos sido descuidadamente ignorantes: «nunca lo habías conocido». Hay asuntos interiores que debimos haber visto, corrupciones que han ganado terreno sin ser notadas; dulces afectos que se están agostando como flores en la escarcha, desatendidos por nosotros; vislumbres del rostro divino que podrían percibirse si no tapiáramos las ventanas de nuestra alma. Pero «no hemos conocido». Al pensarlo, quedamos humillados en el más profundo abatimiento de nosotros mismos. ¡Cómo hemos de adorar la gracia de Dios al aprender, por el contexto, que toda esta necedad e ignorancia, de nuestra parte, fue conocida de antemano por Dios y que, no obstante ese conocimiento de antemano, él se ha complacido aun en tratarnos por vía de misericordia! ¡Admira la maravillosa gracia soberana que pudo elegirnos aun a la vista de todo esto! ¡Asómbrate del precio que fue pagado por nosotros cuando Cristo sabía lo que habríamos de ser! Aquel que colgaba de la cruz nos previó incrédulos, descarriados, fríos de corazón, indiferentes, descuidados, flojos en la oración, y sin embargo dijo: «Yo Jehová Dios tuyo, el Santo de Israel, [soy] tu Salvador … Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma». ¡Oh redención, cuán maravillosamente resplandeciente brillas cuando pensamos cuán negros somos! ¡Oh Espíritu Santo, danos de aquí en adelante el oído que oye, el corazón entendido!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde