14 de diciembre
Mañana
Salmos 84:7«Irán de fortaleza en fortaleza»Irán de fortaleza en fortaleza. Hay varias lecturas de estas palabras, pero todas contienen la idea de progreso.
Nuestra buena traducción de la Versión Autorizada nos basta esta mañana. «Irán de fortaleza en fortaleza.» Esto es, se hacen más y más fuertes. De ordinario, si vamos andando, pasamos de la fuerza a la debilidad; salimos frescos y en buen orden para nuestro viaje, pero al cabo el camino está áspero y el sol quema, nos sentamos a la vera del camino, y luego seguimos otra vez, con dolor, nuestro cansado camino. Pero el peregrino cristiano, habiendo obtenido nuevos abastecimientos de gracia, está tan vigoroso después de años de viaje penoso y de lucha como cuando primero se puso en camino. Puede que ya no esté tan exultante y tan animoso, ni quizá tan ardiente y precipitado en su celo como lo estuvo un día, pero es mucho más fuerte en todo lo que constituye el verdadero poder, y viaja, si más despacio, con mucha más seguridad. Algunos veteranos de canas han estado tan firmes al asir la verdad, y tan celosos en difundirla, como lo estuvieron en sus días más jóvenes; pero, ¡ay!, hay que confesar que a menudo es de otro modo, porque el amor de muchos se enfría y la iniquidad abunda; mas esto es pecado de ellos mismos, y no culpa de la promesa, que sigue vigente: «Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.» Los espíritus quejumbrosos se sientan y se angustian acerca del porvenir. «¡Ay!», dicen, «vamos de aflicción en aflicción.» Muy cierto, oh tú de poca fe, pero entonces también vas de fortaleza en fortaleza. Nunca hallarás un fardo de aflicción que no tenga atada en medio de él gracia suficiente. Dios dará la fuerza de la virilidad madura con la carga asignada a hombros ya crecidos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Gálatas 2:20«Con Cristo estoy juntamente crucificado»El Señor Jesucristo actuó en lo que hizo como una gran persona pública representativa, y su morir sobre la cruz fue el morir virtual de todo su pueblo. Entonces todos sus santos rindieron a la justicia lo que era debido, e hicieron expiación a la venganza divina por todos sus pecados. El apóstol de los gentiles se deleitaba en pensar que, como uno del pueblo escogido de Cristo, él murió sobre la cruz en Cristo. Hizo más que creer esto doctrinalmente: lo aceptó confiadamente, reposando su esperanza sobre ello. Creyó que, en virtud de la muerte de Cristo, había satisfecho la justicia divina y había hallado reconciliación con Dios. Amados, ¡qué cosa tan bienaventurada es cuando el alma puede, por así decir, tenderse sobre la cruz de Cristo y sentir: «Estoy muerto; la ley me ha dado muerte, y por tanto estoy libre de su poder, porque en mi Fiador he llevado la maldición, y en la persona de mi Sustituto ha sido ejecutado sobre mí todo lo que la ley podía hacer a modo de condenación, pues con Cristo estoy juntamente crucificado»!
Pero Pablo quiso decir aun más que esto. No solo creyó en la muerte de Cristo y confió en ella, sino que sintió de hecho en sí mismo el poder de ella, al causar la crucifixión de su vieja naturaleza corrupta. Cuando veía los placeres del pecado, decía: «No puedo gozar de estos: estoy muerto para ellos.» Tal es la experiencia de todo verdadero cristiano. Habiendo recibido a Cristo, es para este mundo como uno que está del todo muerto. Con todo, mientras tiene conciencia de la muerte para el mundo, puede al mismo tiempo exclamar con el apóstol: «y vivo». Está plenamente vivo para Dios. La vida del cristiano es un enigma sin igual. Ningún mundano puede comprenderla; ni el creyente mismo puede entenderla. ¡Muerto, y con todo vivo! ¡Crucificado con Cristo, y al mismo tiempo resucitado con Cristo en novedad de vida! La unión con el Salvador sufriente y sangrante, y la muerte para el mundo y el pecado, son cosas que alegran el alma. ¡Oh, si las gozáramos más!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde