12 de diciembre
Mañana
Habacuc 3:6«Sus caminos son eternos.»Lo que él ha hecho una vez, lo hará todavía otra vez. Los caminos del hombre son variables, pero los caminos de Dios son eternos. Hay muchas razones para esta verdad tan consoladora; entre ellas, las siguientes: los caminos del Señor son el resultado de una sabia deliberación; él ordena todas las cosas según el consejo de su propia voluntad. La acción humana es con frecuencia el resultado precipitado de la pasión, o del temor, y va seguida de pesar y de cambio; pero nada puede tomar por sorpresa al Todopoderoso, ni suceder de otro modo que como él lo ha previsto. Sus caminos son el brote de un carácter inmutable, y en ellos se ven con claridad los atributos fijos y asentados de Dios. A menos que el Eterno mismo pueda sufrir cambio, sus caminos, que son él mismo en acción, han de permanecer para siempre los mismos. ¿Es eternamente justo, clemente, fiel, sabio, tierno? Entonces sus caminos han de distinguirse siempre por las mismas excelencias. Los seres obran según su naturaleza: cuando esas naturalezas cambian, su conducta varía también; pero, puesto que Dios no puede conocer sombra de variación, sus caminos permanecerán eternamente los mismos. Además, no hay razón exterior que pueda revertir los caminos divinos, pues son la encarnación de un poder irresistible. Se dice, por el profeta, que la tierra es hendida con ríos, que los montes tiemblan, que el abismo alza sus manos, y que el sol y la luna se detienen, cuando Jehová marcha para la salvación de su pueblo. ¿Quién puede estorbar su mano, o decirle: «¿Qué haces?»? Pero no es el poder solo lo que da estabilidad; los caminos de Dios son la manifestación de los principios eternos de lo recto, y por tanto nunca pueden pasar. Lo injusto engendra decadencia e implica ruina, pero lo verdadero y lo bueno llevan en sí una vitalidad que las edades no pueden disminuir.
Esta mañana acudamos con confianza a nuestro Padre celestial, recordando que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, y que en él el Señor es siempre clemente para con su pueblo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Oseas 5:7«Contra Jehová prevaricaron»¡Creyente, aquí hay una verdad dolorosa! Eres el amado del Señor, redimido por sangre, llamado por gracia, conservado en Cristo Jesús, acepto en el Amado, en camino al cielo, y sin embargo «has prevaricado» contra Dios, tu mejor amigo; con traición contra Jesús, de quien eres; con traición contra el Espíritu Santo, por quien has sido vivificado para vida eterna. ¡Cuán traidor has sido en materia de votos y promesas! ¿Recuerdas el amor de tu desposorio, aquel tiempo feliz, la primavera de tu vida espiritual? ¡Oh, cuán estrechamente te pegabas entonces a tu Maestro, diciendo: «Él nunca me acusará de indiferencia; mis pies nunca se harán lentos en el camino de su servicio; no permitiré que mi corazón vague tras otros amores; en él está todo el acopio de dulzura inefable. Lo dejo todo por amor de mi Señor Jesús»! ¿Ha sido así? ¡Ay! Si la conciencia habla, dirá: «Quien tan bien prometió ha cumplido pésimamente. La oración ha sido muchas veces despachada a la ligera: ha sido corta, pero no dulce; breve, pero no ferviente. La comunión con Cristo ha sido olvidada. En lugar de una mente celestial, ha habido cuidados carnales, vanidades mundanas y pensamientos de mal. En lugar de servicio, ha habido desobediencia; en lugar de fervor, tibieza; en lugar de paciencia, irritabilidad; en lugar de fe, confianza en un brazo de carne; y como soldado de la cruz ha habido cobardía, desobediencia y deserción, en un grado muy vergonzoso.» «Has prevaricado.» ¡Traición contra Jesús! ¿Qué palabras se usarán para denunciarla? Poco valen las palabras: que nuestros pensamientos penitentes execren el pecado que tan ciertamente está en nosotros. ¡Traidores a tus heridas, oh Jesús! ¡Perdónanos, y que no pequemos otra vez! ¡Qué vergonzoso es ser traidores a aquel que nunca nos olvida, sino que este día está en pie, con nuestros nombres grabados en su pectoral, delante del trono eterno!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde