11 de diciembre
Mañana
1 Tesalonicenses 5:24«Fiel es el que os ha llamado; el cual también [lo] hará.»El cielo es un lugar donde nunca pecaremos; donde cesaremos nuestra constante vigilancia contra un enemigo infatigable, porque no habrá tentador que arme lazo a nuestros pies. Allí los impíos cesan de perturbar, y los cansados están en reposo. El cielo es la herencia «que no puede contaminarse»; es la tierra de la santidad perfecta, y por tanto de la seguridad completa. Pero ¿no gustan los santos, aun en la tierra, a veces los gozos de una seguridad bienaventurada? La doctrina de la palabra de Dios es que todos los que están en unión con el Cordero están seguros; que todos los justos proseguirán su camino; que los que han encomendado sus almas a la guarda de Cristo lo hallarán un guardador fiel e inmutable. Sostenidos por tal doctrina, podemos gozar de seguridad aun en la tierra; no aquella seguridad alta y gloriosa que nos libra de todo resbalón, sino aquella santa seguridad que nace de la promesa segura de Jesús de que ninguno de los que creen en él perecerá jamás, sino que estará con él donde él está. Creyente, reflexionemos a menudo con gozo en la doctrina de la perseverancia de los santos, y honremos la fidelidad de nuestro Dios con una santa confianza en él.
¡Que nuestro Dios te haga sentir tu seguridad en Cristo Jesús! ¡Que te asegure que tu nombre está grabado en su mano, y te susurre al oído la promesa: «No temas, que yo soy contigo»! Míralo, al gran Fiador del pacto, como fiel y verdadero y, por tanto, obligado y comprometido a presentarte, a ti, el más débil de la familia, junto con toda la raza escogida, delante del trono de Dios; y en tan dulce contemplación beberás el jugo del vino adobado de la granada del Señor, y gustarás los frutos delicados del Paraíso. Tendrás un anticipo de los goces que arrebatan las almas de los santos perfectos allá arriba, si puedes creer con fe que no vacila que «Fiel es el que os ha llamado; el cual también [lo] hará.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Colosenses 3:24«al Señor Cristo servís.»¿A qué escogido orden de funcionarios fue dirigida esta palabra? ¿A reyes que se jactan con orgullo de un derecho divino? ¡Ah, no! Con demasiada frecuencia se sirven a sí mismos o a Satanás, y se olvidan del Dios cuya tolerancia les permite vestir su remedo de majestad durante su breve hora. ¿Habla entonces el apóstol a esos así llamados «reverendísimos padres en Dios», los obispos, o a «los venerables archidiáconos»? No, en verdad. Pablo nada supo de estas meras invenciones de los hombres. Ni siquiera a los pastores y maestros, ni a los ricos y estimados entre los creyentes, fue dirigida esta palabra, sino a los siervos, sí, y a los esclavos. Entre las multitudes que se afanan, los oficiales, los jornaleros, los sirvientes domésticos, los que se agotan en la cocina, halló el apóstol, como hallamos todavía, a algunos de los escogidos del Señor, y a ellos les dice: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres; Sabiendo que del Señor recibiréis la compensación de la herencia: porque al Señor Cristo servís.» Este dicho ennoblece la rutina fatigosa de las ocupaciones terrenales, y derrama un halo en torno a los oficios más humildes. Lavar pies puede ser servil, pero lavar sus pies es obra real. Desatar la correa del calzado es empleo pobre, pero desatar el calzado del gran Maestro es privilegio de príncipe. ¡La tienda, el granero, el lavadero y la herrería se vuelven templos cuando hombres y mujeres lo hacen todo para la gloria de Dios! Entonces el «servicio divino» no es cosa de unas pocas horas y unos pocos lugares, sino que toda la vida se vuelve santidad al Señor, y todo lugar y toda cosa, tan consagrados como el tabernáculo y su candelero de oro.
Enséñame, mi Dios y Rey, a verte en todas las cosas; y lo que yo haga en cualquier cosa, a hacerlo como para ti. Todo puede participar de ti; nada puede ser tan vil que, con esta tintura, por amor de ti, no se torne brillante y limpio. Un siervo, con esta cláusula, hace divina la faena; quien barre una habitación, como por tus leyes, hace nobles el lugar y la acción.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde