10 de diciembre
Mañana
1 Tesalonicenses 4:17«así estaremos siempre con el Señor.»¡Aun las visitas más dulces de Cristo, cuán breves son, y cuán pasajeras! Un momento lo ven nuestros ojos, y nos alegramos con gozo inefable y glorificado, pero al poco tiempo ya no lo vemos, porque nuestro amado se retira de nosotros; como el gamo o el cabrito de los ciervos, salta sobre los montes de la división; se ha ido a la tierra de las especias, y ya no apacienta entre los lirios.
Si hoy se digna bendecirnos con un sentido del pecado perdonado, él mañana puede afligirnos, hacernos sentir la plaga interior.
¡Oh, cuán dulce es la perspectiva del tiempo en que no lo contemplaremos de lejos, sino cara a cara; en que no será como un caminante que se detiene tan solo por una noche, sino que nos envolverá eternamente en el seno de su gloria! No lo veremos por un breve tiempo, sino
Millones de años nuestros ojos maravillados recorrerán las bellezas de nuestro Salvador; y miríadas de edades adoraremos las maravillas de su amor.
En el cielo no habrá interrupciones por el cuidado ni por el pecado; ningún llanto empañará nuestros ojos; ningún negocio terrenal distraerá nuestros felices pensamientos; nada tendremos que nos estorbe contemplar para siempre el Sol de justicia con ojos incansables. ¡Oh, si es tan dulce verlo de vez en cuando, cuán dulce será contemplar ese rostro bendito para siempre, y no tener jamás una nube que ruede de por medio, ni tener que apartar los ojos para mirar un mundo de fatiga y de aflicción! Día bienaventurado, ¿cuándo amanecerás? ¡Levántate, oh sol que nunca te pones! Los goces de los sentidos pueden dejarnos tan pronto como quieran, porque esto lo compensará gloriosamente. Si morir no es sino entrar en comunión ininterrumpida con Jesús, entonces la muerte es en verdad ganancia, y la gota negra es sorbida en un mar de victoria.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hechos 16:14«el corazón de la cual abrió el Señor»En la conversión de Lidia hay muchos puntos de interés. Fue obrada por circunstancias providenciales. Era vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, pero justo en el momento oportuno para oír a Pablo la hallamos en Filipos; la providencia, que es la sierva de la gracia, la llevó al sitio justo. Además, la gracia estaba preparando su alma para la bendición: gracia que prepara para la gracia. No conocía al Salvador, pero, como judía, conocía muchas verdades que eran excelentes peldaños hacia el conocimiento de Jesús. Su conversión tuvo lugar en el uso de los medios. En el sábado fue adonde solía hacerse la oración, y allí la oración fue oída. Nunca descuides los medios de la gracia; Dios puede bendecirnos cuando no estamos en su casa, pero tenemos mayor razón para esperar que lo hará cuando estamos en comunión con sus santos. Observa las palabras: «el corazón de la cual abrió el Señor». Ella no abrió su propio corazón. No lo hicieron sus oraciones; no lo hizo Pablo. El Señor mismo tiene que abrir el corazón, para que reciba las cosas que contribuyen a nuestra paz. Solo él puede meter la llave en el hueco de la puerta y abrirla, y obtener entrada para sí. Es el dueño del corazón, como es el hacedor del corazón. La primera evidencia exterior del corazón abierto fue la obediencia. Tan pronto como Lidia hubo creído en Jesús, fue bautizada. Es una dulce señal de un corazón humilde y quebrantado, cuando el hijo de Dios está dispuesto a obedecer un mandamiento que no es esencial para su salvación, que no se le impone por un temor egoísta de la condenación, sino que es un simple acto de obediencia y de comunión con su Maestro. La evidencia siguiente fue el amor, que se manifestaba en actos de bondad agradecida hacia los apóstoles. El amor a los santos ha sido siempre una marca del verdadero convertido. Los que nada hacen por Cristo o por su Iglesia no dan sino un pobre testimonio de un corazón «abierto». Señor, dame para siempre un corazón abierto.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde