5 de diciembre
Mañana
Mateo 7:7«Pedid, y se os dará»Conocemos un lugar en Inglaterra que todavía existe, donde se da una ración de pan a todo transeúnte que quiera pedirla. Sea quien sea el viajero, no tiene más que llamar a la puerta del Hospital de la Santa Cruz, y allí está la ración de pan para él. Jesucristo ama tanto a los pecadores que ha edificado un Hospital de la Santa Cruz, de modo que, siempre que un pecador tiene hambre, no tiene más que llamar y ver suplidas sus necesidades. Aún más: ha hecho algo mejor; ha añadido a este Hospital de la Cruz un baño; y siempre que un alma está negra y sucia, no tiene más que ir allí y ser lavada. La fuente está siempre llena, siempre eficaz. Ningún pecador entró jamás en ella y halló que no podía lavarle las manchas. Pecados que eran escarlata y carmesí han desaparecido todos, y el pecador ha quedado más blanco que la nieve. Como si esto no bastara, se ha añadido a este Hospital de la Cruz un guardarropa, y un pecador que hace su solicitud simplemente como pecador puede ser vestido de la cabeza a los pies; y si desea ser soldado, puede tener no meramente un vestido para el uso ordinario, sino una armadura que lo cubra desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Si pide una espada, esa le será dada, y también un escudo. Nada que le sea bueno le será negado. Tendrá dinero para sus gastos mientras viva, y tendrá una heredad eterna de tesoro glorioso cuando entre en el gozo de su Señor.
Si todas estas cosas se obtienen con solo llamar a la puerta de la misericordia, oh alma mía, llama con fuerza esta mañana, y pide cosas grandes a tu Señor generoso. No dejes el trono de la gracia hasta que todas tus necesidades hayan sido expuestas ante el Señor, y hasta que por la fe tengas una perspectiva consoladora de que todas serán suplidas. Ninguna timidez ha de retardar el paso cuando Jesús invita. Ninguna incredulidad debe estorbar cuando Jesús promete. Ninguna frialdad de corazón debe refrenar cuando tales bendiciones pueden obtenerse.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Zacarías 1:20«Mostróme luego Jehová cuatro carpinteros.»En la visión descrita en este capítulo, el profeta vio cuatro cuernos terribles. Embistían de un lado y de otro, derribando a los más fuertes y a los más poderosos; y el profeta preguntó: «¿Qué son éstos?» La respuesta fue: «Estos son los cuernos que aventaron á Israel.» Veía delante de sí una representación de aquellos poderes que habían oprimido a la Iglesia de Dios. Había cuatro cuernos, porque la Iglesia es atacada por todas partes. Bien pudo el profeta haberse sentido consternado; pero de pronto aparecieron delante de él cuatro carpinteros. Preguntó: «¿Qué vienen éstos á hacer?» Estos son los hombres que Dios ha hallado para hacer pedazos aquellos cuernos. Dios siempre hallará hombres para su obra, y los hallará en el tiempo debido. El profeta no vio primero a los carpinteros, cuando no había nada que hacer, sino primero los «cuernos», y luego los «carpinteros». Además, el Señor halla hombres suficientes. No halló tres carpinteros, sino cuatro; había cuatro cuernos, y tenía que haber cuatro obreros. Dios halla a los hombres adecuados; no cuatro hombres con plumas para escribir; no cuatro arquitectos para trazar planos; sino cuatro carpinteros para hacer el trabajo tosco. Ten por seguro, tú que tiemblas por el arca de Dios, que cuando los «cuernos» se tornen molestos, se hallarán los «carpinteros». No necesitas inquietarte por la debilidad de la Iglesia de Dios en momento alguno; puede estar creciendo en lo oculto el reformador valiente que sacudirá las naciones: de nuestras escuelas de harapientos pueden salir Crisóstomos, y Agustines de la oscuridad más densa de la pobreza de Londres. El Señor sabe dónde hallar a sus siervos. Tiene en emboscada una multitud de hombres valientes, y a su palabra se levantarán para la batalla; «porque de Jehová es la guerra», y él obtendrá para sí la victoria. Permanezcamos fieles a Cristo, y él, en el tiempo debido, levantará para nosotros una defensa, ya sea en el día de nuestra necesidad personal, ya en el tiempo de peligro para su Iglesia.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde