3 de diciembre
Mañana
Cantares 4:7«en ti no hay mancha.»Habiendo declarado a su Iglesia positivamente llena de hermosura, nuestro Señor confirma su alabanza con una preciosa negación: «en ti no hay mancha.» Como si al Esposo se le ocurriera que el mundo criticón insinuaría que él solo había mencionado las partes hermosas de ella, y había omitido a propósito aquellos rasgos que estaban deformes o manchados, lo resume todo declarándola universal y enteramente hermosa, y del todo libre de mancha. Una mancha pronto puede quitarse, y es la cosa más pequeña que puede afear la hermosura; pero aun de esta pequeña tacha es librado el creyente a los ojos de su Señor. Si hubiera dicho que no hay cicatriz horrible, ni deformidad espantosa, ni úlcera mortal, aun entonces nos habríamos maravillado; pero cuando testifica que ella está libre de la más leve mancha, todas esas otras formas de contaminación quedan incluidas, y crece la profundidad del asombro. Si solo hubiera prometido quitar todas las manchas más adelante, habríamos tenido razón eterna para el gozo; pero cuando habla de ello como de algo ya hecho, ¿quién puede reprimir las emociones más intensas de satisfacción y de deleite? Alma mía, aquí hay meollo y grosura para ti; come hasta saciarte, y queda satisfecha con manjares reales.
Cristo Jesús no tiene querella con su esposa. Ella a menudo se extravía de él y contrista a su Espíritu Santo, pero él no permite que las faltas de ella afecten su amor. A veces la reprende, pero siempre de la manera más tierna, con las intenciones más bondadosas: aun entonces es «amiga mía». No hay recuerdo de nuestras locuras; él no abriga malos pensamientos acerca de nosotros, sino que perdona y ama lo mismo después de la ofensa que antes de ella. Bien nos está que sea así, porque si Jesús tuviera presentes las ofensas como las tenemos nosotros, ¿cómo podría tener comunión con nosotros? Muchas veces un creyente se malhumorará con el Señor por algún leve giro de la providencia, pero nuestro precioso Esposo conoce demasiado bien nuestros corazones necios para ofenderse por nuestros malos modales.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 24:8«Jehová el poderoso en batalla.»Bien puede nuestro Dios ser glorioso a los ojos de su pueblo, puesto que ha obrado tales maravillas por ellos, en ellos y por medio de ellos. Por ellos, el Señor Jesús en el Calvario desbarató a todo enemigo, haciendo pedazos todas las armas del adversario mediante su obra consumada de obediencia satisfactoria; por su resurrección triunfante y su ascensión trastornó por completo las esperanzas del infierno, llevando cautiva la cautividad, exhibiendo en público a nuestros enemigos, triunfando de ellos por su cruz. Toda flecha de culpa que Satanás hubiera podido dispararnos está quebrada, porque ¿quién podrá poner algo a cargo de los elegidos de Dios? Vanas son las espadas agudas de la malicia infernal, y las batallas perpetuas de la simiente de la serpiente, porque en medio de la Iglesia los cojos arrebatan la presa, y los guerreros más débiles son coronados.
Bien pueden los salvos adorar a su Señor por las conquistas de él en ellos, pues las flechas de su odio natural están rotas, y quebradas las armas de su rebelión. ¡Qué victorias ha ganado la gracia en nuestros corazones malos! ¡Cuán glorioso es Jesús cuando la voluntad es sojuzgada, y el pecado destronado! En cuanto a nuestras corrupciones que aún quedan, sufrirán una derrota igualmente segura, y toda tentación, y duda, y temor serán destruidos por completo. En la Salem de nuestros corazones pacíficos, el nombre de Jesús es grande sin comparación: él ha ganado nuestro amor, y lo lucirá. Con igual seguridad podemos esperar victorias por medio de nosotros. Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Derribaremos los poderes de las tinieblas que están en el mundo, por nuestra fe, y celo, y santidad; ganaremos pecadores para Jesús, trastornaremos los sistemas falsos, convertiremos naciones, porque Dios está con nosotros, y nadie se tendrá en pie delante de nosotros. Esta tarde, que el guerrero cristiano entone el cántico de guerra, y se prepare para el combate de mañana. Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde