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30 de noviembre

Mañana

2 Crónicas 25:9«Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué pues se hará de cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: De Jehová es darte mucho más que esto.»

Muy importante le pareció esta pregunta al rey de Judá, y posiblemente tenga aún más peso para ti, oh cristiano probado y tentado. Perder dinero no es agradable en tiempo alguno, y, cuando el principio implica esa pérdida, la carne no siempre está pronta a hacer el sacrificio. «¿Por qué perder lo que puede emplearse de modo tan útil? ¿No puede la verdad misma comprarse demasiado cara? ¿Qué haremos sin ello? ¡Acuérdate de los hijos, y de nuestro pequeño ingreso!» Todas estas cosas, y mil más, tentarían al cristiano a extender la mano a la ganancia injusta, o a retraerse de cumplir sus convicciones de conciencia cuando implican una pérdida grave. No todos los hombres pueden ver estas cosas a la luz de la fe; y aun entre los seguidores de Jesús, la doctrina de «hay que vivir» tiene peso más que suficiente.

«De Jehová es darte mucho más que esto» es una respuesta muy satisfactoria a la pregunta ansiosa. Nuestro Padre tiene los cordones de la bolsa, y lo que perdemos por causa de él puede devolvernos mil veces más. A nosotros nos toca obedecer su voluntad, y podemos descansar seguros de que él proveerá por nosotros. A la postre, el Señor no será deudor de ningún hombre. Los santos saben que un grano de paz del corazón vale más que una tonelada de oro. Quien envuelve un abrigo raído en torno a una buena conciencia ha ganado una riqueza espiritual mucho más deseable que cualquiera que haya perdido. La sonrisa de Dios y un calabozo bastan a un corazón verdadero; su ceño y un palacio serían un infierno para un espíritu lleno de gracia. Venga lo peor de lo peor; que se vayan todos los talentos: no hemos perdido nuestro tesoro, porque está arriba, «donde está Cristo sentado á la diestra de Dios». Entretanto, aun ahora, el Señor hace que los mansos hereden la tierra, y «no quitará el bien á los que en integridad andan».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Apocalipsis 12:7«Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles,»

La guerra rugirá siempre entre las dos grandes soberanías, hasta que la una o la otra quede aplastada. La paz entre el bien y el mal es una imposibilidad; el mero fingimiento de ella sería, de hecho, el triunfo de los poderes de las tinieblas. Miguel peleará siempre; su alma santa está vejada por el pecado, y no lo soportará. Jesús será siempre enemigo del dragón, y no en un sentido quieto, sino de modo activo y vigoroso, con plena determinación de exterminar el mal. Todos sus siervos, sean ángeles en el cielo o mensajeros en la tierra, querrán pelear y habrán de pelear; han nacido para ser guerreros: en la cruz entran en pacto de no hacer jamás tregua con el mal; son una compañía guerrera, firmes en la defensa y feroces en el ataque. El deber de cada soldado del ejército del Señor es pelear cada día contra el dragón, con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.

El dragón y sus ángeles no rehusarán la refriega; son incesantes en sus asaltos, y no escatiman arma alguna, sea limpia o sea sucia. Somos necios si esperamos servir a Dios sin oposición: cuanto más celosos somos, con más seguridad nos asaltan los mirmidones del infierno. La iglesia puede volverse perezosa, pero no así su gran antagonista; su espíritu inquieto jamás permite que la guerra haga pausa; odia la simiente de la mujer, y de buena gana devoraría a la iglesia si pudiera. Los siervos de Satanás participan en mucho de la energía del dragón antiguo, y suelen ser una raza activa. La guerra ruge por todas partes, y soñar con la paz es peligroso y vano.

Gloria sea a Dios: conocemos el fin de la guerra. El gran dragón será lanzado fuera y destruido para siempre, mientras Jesús y los que están con él recibirán la corona. Afilemos esta noche nuestras espadas, y roguemos al Espíritu Santo que dé nervio a nuestros brazos para el conflicto. ¡Nunca batalla tan importante; nunca corona tan gloriosa! ¡Cada hombre a su puesto, ustedes, guerreros de la cruz, y que el Señor pisotee pronto a Satanás bajo los pies de ustedes!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde