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29 de noviembre

Mañana

Levítico 19:16-17«No andarás chismeando en tus pueblos. … ingenuamente reprenderás á tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado.»

El chismear despide un veneno triple, pues daña al que lo cuenta, al que lo oye y a la persona de quien se cuenta el cuento. Sea verdadero o falso el informe, este precepto de la Palabra de Dios nos prohíbe difundirlo. La reputación del pueblo del Señor ha de sernos muy preciosa, y hemos de tener por vergüenza ayudar al diablo a deshonrar a la Iglesia y el nombre del Señor. Algunas lenguas necesitan freno más que espuela. Muchos se glorían de derribar a sus hermanos, como si con eso se levantaran a sí mismos. Los hijos sabios de Noé echaron un manto sobre su padre, y el que lo expuso se ganó una maldición temible. Puede que nosotros mismos, en uno de estos días oscuros, necesitemos la indulgencia y el silencio de nuestros hermanos: démoslos con alegría a quienes ahora los necesitan. Sea esta nuestra regla de familia y nuestro vínculo personal: «Que á nadie infamen».

El Espíritu Santo, con todo, nos permite censurar el pecado, y prescribe la manera en que hemos de hacerlo. Ha de hacerse reprendiendo a nuestro hermano cara a cara, no denostándolo a sus espaldas. Tal camino es varonil, fraternal, semejante al de Cristo, y bajo la bendición de Dios será útil. ¿Retrocede la carne? Entonces hemos de hacer pesar más la conciencia, y mantenernos en la obra, no sea que, consintiendo el pecado sobre nuestro amigo, lleguemos nosotros a ser partícipes de él. Cientos han sido salvados de pecados groseros por las advertencias oportunas, sabias y afectuosas de ministros y hermanos fieles. Nuestro Señor Jesús nos ha puesto un ejemplo lleno de gracia de cómo tratar a los amigos que yerran, en la advertencia que dio a Pedro, en la oración con que la precedió, y en el modo suave con que sobrellevó la negativa jactanciosa de Pedro, que negó necesitar semejante cautela.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Éxodo 35:8«especias aromáticas para el aceite de la unción»

Mucho uso se hizo de este aceite de la unción bajo la ley, y aquello que representa es de importancia primordial bajo el evangelio. El Espíritu Santo, que nos unge para todo servicio santo, nos es indispensable si hemos de servir al Señor de manera aceptable. Sin su ayuda, nuestros servicios religiosos no son sino una ofrenda vana, y nuestra experiencia interior es cosa muerta. Siempre que nuestro ministerio está sin unción, ¡en qué cosa tan miserable se convierte!; y no son un ápice mejores las oraciones, las alabanzas, las meditaciones y los esfuerzos de los cristianos en privado. Una unción santa es el alma y la vida de la piedad; su ausencia, la más penosa de todas las calamidades. Presentarnos ante el Señor sin unción es como si un levita común se hubiera arrojado él mismo al oficio del sacerdote: sus ministerios habrían sido pecados antes que servicios. Que jamás nos aventuremos a ejercicios sagrados sin unciones sagradas. Nos caen en gotas desde nuestra Cabeza gloriosa; de su unción participamos nosotros, que somos como el borde de sus vestiduras, de una unción copiosa. Especias escogidas se compusieron con el arte más raro del perfumador para formar el aceite de la unción, a fin de mostrarnos cuán ricas son todas las influencias del Espíritu Santo. Todas las cosas buenas se hallan en el Consolador divino. Consuelo sin igual, instrucción infalible, vivificación inmortal, energía espiritual y santificación divina: todo ello yace compuesto, con otras excelencias, en ese colirio sagrado, el aceite celestial de la unción del Espíritu Santo. Comunica una fragancia deliciosa al carácter y a la persona del hombre sobre quien se derrama. Nada que se le parezca puede hallarse en todos los tesoros de los ricos, ni en los secretos de los sabios. No ha de imitarse. Viene únicamente de Dios, y se da de gracia, por medio de Jesucristo, a toda alma que espera. Busquémoslo, porque podemos tenerlo; podemos tenerlo esta misma tarde. ¡Oh Señor, unge a tus siervos!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde