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21 de noviembre

Mañana

Efesios 4:30«no contristéis al Espíritu Santo»

Todo lo que el creyente tiene ha de venir de Cristo, pero viene únicamente por el cauce del Espíritu de gracia. Además, así como todas las bendiciones fluyen de este modo hacia ti por el Espíritu Santo, así tampoco puede salir de ti cosa buena alguna, en pensamiento santo, en adoración devota o en acto de gracia, aparte de la operación santificadora del mismo Espíritu. Aun cuando la buena semilla esté sembrada en ti, yace, con todo, adormecida, salvo que él obre en ti el querer y el hacer por su buena voluntad. ¿Deseas hablar por Jesús? ¿Cómo podrás, si el Espíritu Santo no toca tu lengua? ¿Deseas orar? ¡Ay! ¡Qué labor tan lánguida es, si el Espíritu no intercede por ti! ¿Deseas sojuzgar el pecado? ¿Quieres ser santo? ¿Quieres imitar a tu Maestro? ¿Deseas remontarte a alturas superlativas de espiritualidad? ¿Ansías que se te haga semejante a los ángeles de Dios, lleno de celo y de ardor por la causa del Maestro? No puedes sin el Espíritu: «sin mí nada podéis hacer». ¡Oh pámpano de la vid, ningún fruto puedes tener sin la savia! ¡Oh hijo de Dios, no tienes vida dentro de ti aparte de la vida que Dios te da por medio de su Espíritu! No lo contristemos, pues, ni lo provoquemos a ira con nuestro pecado. No lo apaguemos en uno solo de sus movimientos más tenues en nuestra alma; fomentemos cada sugerencia, y estemos prontos a obedecer cada impulso. Si el Espíritu Santo es en verdad tan poderoso, no acometamos nada sin él; no empecemos proyecto alguno, ni prosigamos empresa alguna, ni concluyamos transacción alguna, sin implorar su bendición. Tributémosle el debido homenaje de sentir nuestra entera debilidad aparte de él, y de depender luego únicamente de él, teniendo esta por oración nuestra: «Abre tú mi corazón y todo mi ser a tu entrada, y susténtame con tu Espíritu libre cuando haya recibido ese Espíritu en mis entrañas».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Juan 12:2«Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él.»

Es de envidiar. Bueno era ser Marta y servir, pero mejor ser Lázaro y tener comunión. Hay tiempos para cada propósito, y cada cual es hermoso en su sazón; pero ninguno de los árboles del huerto da racimos como los que da la vid de la comunión. Sentarse con Jesús, oír sus palabras, observar sus actos y recibir sus sonrisas fue un favor tal, que hubo de hacer a Lázaro tan dichoso como los ángeles. Cuando nos ha cabido la feliz suerte de banquetearnos con nuestro Amado en su sala del banquete, no habríamos dado ni medio suspiro a cambio de todos los reinos del mundo, si con tanto aliento se hubieran podido comprar.

Es de imitar. Cosa extraña habría sido que Lázaro no estuviera a la mesa donde estaba Jesús, pues había estado muerto, y Jesús lo había resucitado. Que el resucitado estuviese ausente cuando el Señor que le había dado la vida estaba en su casa habría sido, por cierto, una ingratitud. También nosotros estuvimos una vez muertos; sí, y como Lázaro, hediondos en el sepulcro del pecado. Jesús nos resucitó, y por su vida vivimos: ¿podemos contentarnos con vivir lejos de él? ¿Omitimos recordarlo en su mesa, donde él se digna banquetear con sus hermanos? ¡Oh, esto es cruel! Nos conviene arrepentirnos, y hacer como él nos ha mandado, pues el menor de sus deseos debe ser ley para nosotros. Haber vivido sin trato constante con aquel de quien los judíos dijeron: «Mirad cómo le amaba», habría sido vergonzoso para Lázaro; ¿es excusable en nosotros, a quienes Jesús ha amado con amor eterno? Haber sido fríos para con quien lloró sobre su cadáver sin vida habría argüido un gran embrutecimiento en Lázaro. ¿Qué arguye en nosotros, sobre quienes el Salvador no solo ha llorado, sino que ha sangrado? Vengan, hermanos que leen esta porción; volvamos a nuestro Esposo celestial, y pidamos su Espíritu, para quedar en términos de más estrecha intimidad con él y, de aquí en adelante, sentarnos a la mesa con él.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde