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18 de noviembre

Mañana

Cantares 4:12«fuente cerrada, fuente sellada.»

En esta metáfora, que se refiere a la vida interior de un creyente, tenemos con toda claridad la idea del secreto. Es una fuente cerrada: así como en Oriente había manantiales sobre los cuales se edificaba un edificio, de modo que nadie podía llegar a ellos salvo quienes conocían la entrada secreta, así es el corazón de un creyente cuando la gracia lo renueva: hay dentro una vida misteriosa que ninguna pericia humana puede tocar. Es un secreto que ningún otro hombre conoce; es más, que ni el mismo hombre que lo posee puede declararlo a su prójimo. El texto incluye no solo el secreto, sino la separación. No es el manantial común, del cual puede beber todo el que pasa; es uno guardado y preservado de todos los demás; es una fuente que lleva una marca particular: el sello real de un rey, de modo que todos pueden percibir que no es una fuente común, sino una fuente que tiene dueño, y puesta expresamente aparte, sola. Así es con la vida espiritual. Los escogidos de Dios fueron separados en el decreto eterno; fueron separados por Dios en el día de la redención; y están separados por la posesión de una vida que otros no tienen; y les es imposible sentirse en casa con el mundo, o deleitarse en sus placeres. Está también la idea de lo sagrado. La fuente cerrada se preserva para el uso de alguna persona especial: y tal es el corazón del cristiano. Es una fuente guardada para Jesús. Todo cristiano debería sentir que lleva sobre sí el sello de Dios, y debería poder decir con Pablo: «De aquí adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.» Otra idea se destaca: la de la seguridad. ¡Oh! ¡Qué segura y a salvo está la vida interior del creyente! Si todas las potencias de la tierra y del infierno pudieran unirse contra ella, ese principio inmortal tendría aun así que existir, porque quien lo dio empeñó su vida por conservarlo. ¿Y quién «es aquel que os podrá dañar», cuando Dios es tu protector?

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 93:2«tú eres eternalmente.»

Cristo es eterno. De él podemos cantar con David: «Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre». Alégrate, creyente, en Jesucristo, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Jesús siempre fue. El Niño nacido en Belén estaba unido al Verbo, que era en el principio, por quien todas las cosas fueron hechas. El título con que Cristo se reveló a Juan en Patmos fue: «el que es y que era y que ha de venir». Si no fuera Dios desde la eternidad, no podríamos amarlo con tanta devoción; no podríamos sentir que le cupiera parte alguna en el amor eterno, que es la fuente de todas las bendiciones del pacto; pero, como desde toda la eternidad estaba con el Padre, rastreamos la corriente del amor divino hasta él tanto como hasta su Padre y el Espíritu bendito. Como nuestro Señor siempre fue, así también es para siempre. Jesús no está muerto; «siempre vive para interceder por nosotros». Acude a él en todos tus tiempos de necesidad, porque sigue esperando para bendecirte. Además, Jesús nuestro Señor será siempre. Si Dios conservara tu vida hasta cumplir tu día cabal de setenta años, hallarás que su fuente purificadora sigue abierta, y que su sangre preciosa no ha perdido su poder; hallarás que el Sacerdote que llenó con su propia sangre la fuente que sana, vive para purgarte de toda iniquidad. Cuando solo quede por librarse tu última batalla, hallarás que la mano de tu Capitán vencedor no se ha enflaquecido: el Salvador vivo alentará al santo que muere. Cuando entres en el cielo lo hallarás allí, llevando el rocío de su juventud; y a través de la eternidad el Señor Jesús seguirá siendo el manantial perenne de gozo, y de vida, y de gloria para su pueblo. ¡Ojalá saques aguas vivas de este pozo sagrado! Jesús siempre fue, siempre es, siempre será. Es eterno en todos sus atributos, en todos sus oficios, en todo su poder y en su disposición de bendecir, consolar, guardar y coronar a su pueblo escogido.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde