14 de noviembre
Mañana
Sofonías 1:5«á los que se inclinan jurando por Jehová y jurando por su rey»Esas personas se creían seguras porque estaban con los dos bandos: iban con los seguidores de Jehová y, al mismo tiempo, se inclinaban ante Malcam. Pero la doblez es abominable ante Dios, y la hipocresía la aborrece su alma. El idólatra que se entrega claramente a su dios falso tiene un pecado menos que aquel que trae su sacrificio contaminado y detestable al templo del Señor, mientras su corazón está con el mundo y con los pecados de este. Estar con la liebre y correr con los galgos es política de cobarde. En los asuntos comunes de la vida diaria, el hombre de doble ánimo es despreciado, pero en la religión es repugnante hasta el último grado. La pena pronunciada en el versículo que tenemos delante es terrible, pero está bien merecida; porque ¿cómo ha de eximir la justicia divina al pecador que conoce lo recto, lo aprueba y profesa seguirlo, y mientras tanto ama el mal y le da dominio en su corazón?
Alma mía, escudríñate esta mañana, y mira si eres culpable de doble trato. Profesas ser seguidor de Jesús: ¿lo amas de veras? ¿Está tu corazón recto para con Dios? ¿Eres de la familia del viejo padre Honesto, o pariente del señor Conveniencia? De poco vale un nombre de vivo si en verdad estoy muerto en delitos y pecados. Tener un pie en la tierra de la verdad y el otro en el mar de la falsedad acarreará una caída terrible y una ruina total. Cristo ha de serlo todo, o nada. Dios llena el universo entero, y por eso no hay lugar para otro dios; si, pues, él reina en mi corazón, no habrá espacio para otro poder que reine. ¿Descanso solo en Jesús crucificado, y vivo solo para él? ¿Es ese mi deseo? ¿Está mi corazón puesto en hacerlo? Si es así, bendita sea la poderosa gracia que me ha llevado a la salvación; y si no es así, oh Señor, perdona mi triste ofensa, y «consolida mi corazón para que tema tu nombre».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Génesis 29:26«Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor.»No disculpamos a Labán por su deshonestidad, pero no tenemos escrúpulo en aprender de la costumbre que citó como excusa. Hay cosas que han de tomarse por su orden, y si queremos ganar lo segundo hemos de asegurar lo primero. Lo segundo puede ser más hermoso a nuestros ojos, pero la regla del país celestial ha de mantenerse, y la mayor ha de desposarse primero. Por ejemplo, muchos hombres desean a la Raquel bella y de hermoso parecer, la del gozo y la paz en el creer, pero primero han de desposarse con la Lea de ojos tiernos, la del arrepentimiento. Todos se enamoran de la felicidad, y muchos servirían de buena gana dos veces siete años por gozarla; pero, según la regla del reino del Señor, la Lea de la santidad verdadera ha de ser amada de nuestra alma antes de que pueda alcanzarse la Raquel de la verdadera felicidad. El cielo no ocupa el primer lugar, sino el segundo, y solo perseverando hasta el fin podemos ganar en él una porción. La cruz ha de llevarse antes de que pueda ceñirse la corona. Hemos de seguir a nuestro Señor en su humillación, o nunca descansaremos con él en la gloria.
Alma mía, ¿qué dices? ¿Eres tan vana que esperas quebrantar la regla celestial? ¿Esperas recompensa sin trabajo, u honra sin fatiga? Desecha la expectativa ociosa, y conténtate con tomar lo de mal parecer por causa del dulce amor de Jesús, que te recompensará de todo. Con tal espíritu, trabajando y sufriendo, hallarás que lo amargo se vuelve dulce, y lo difícil, fácil. Como a Jacob, tus años de servicio te parecerán unos pocos días, por el amor que tienes a Jesús; y cuando llegue la hora amada del banquete de bodas, todos tus trabajos serán como si nunca hubieran sido: una hora con Jesús compensará siglos de dolor y de labor.
Jesús, por ganarte a ti, tan hermoso, tu cruz con alegría llevaré; pues así lo ordenan las reglas del cielo, a la primera desposaré, por alcanzar a la siguiente.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde