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13 de noviembre

Mañana

Juan 15:4«el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo»

¿Cómo empezaron ustedes a llevar fruto? Fue cuando vinieron a Jesús y se echaron sobre su gran expiación, y descansaron en su justicia consumada. ¡Ah! ¡qué fruto tuvieron entonces! ¿Recuerdan aquellos primeros días? Entonces sí floreció la vid, apareció el cierne tierno, brotaron los granados, y las eras de especias aromáticas dieron su olor. ¿Han decaído desde entonces? Si es así, les encargamos que recuerden aquel tiempo de amores, que se arrepientan y hagan sus primeras obras. Estén sobre todo en aquellos ejercicios que han comprobado por experiencia que los acercan más a Cristo, porque de él proceden todos los frutos de ustedes. Cualquier ejercicio santo que los lleve a él los ayudará a llevar fruto. El sol es, sin duda, un gran obrero en la formación del fruto entre los árboles del huerto; y Jesús lo es aún más entre los árboles de su huerto de gracia. ¿Cuándo han estado más sin fruto? ¿No ha sido cuando han vivido más lejos del Señor Jesucristo, cuando han aflojado en la oración, cuando se han apartado de la sencillez de su fe, cuando sus gracias les han acaparado la atención en lugar de su Señor, cuando han dicho: «Mi monte está firme; no seré jamás conmovido», y han olvidado dónde mora su fuerza? ¿No ha sido entonces cuando ha cesado su fruto? A algunos de nosotros se nos ha enseñado que nada tenemos fuera de Cristo, por terribles abatimientos del corazón delante del Señor; y cuando hemos visto la esterilidad total y la muerte de todo poder de la criatura, hemos clamado con angustia: «De él ha de hallarse todo mi fruto, porque ningún fruto puede jamás salir de mí». La experiencia pasada nos enseña que, cuanto más sencillamente dependemos de la gracia de Dios en Cristo y esperamos en el Espíritu Santo, más fruto daremos para Dios. ¡Oh, confiar en Jesús para el fruto tanto como para la vida!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Lucas 18:1«es necesario orar siempre»

Si «es necesario orar siempre, y no desmayar», mucho más los hombres cristianos. Jesús ha enviado a su Iglesia al mundo con el mismo encargo con que él mismo vino, y esta misión incluye la intercesión. ¿Y si digo que la Iglesia es el sacerdote del mundo? La creación está muda, pero a la Iglesia le toca hallarle una boca. Es alto privilegio de la Iglesia orar con aceptación. La puerta de la gracia está siempre abierta para sus peticiones, y estas nunca vuelven con las manos vacías. El velo fue rasgado por ella, la sangre fue rociada sobre el altar por ella; Dios la invita sin cesar a pedir lo que quiera. ¿Rehusará el privilegio que los ángeles bien podrían envidiarle? ¿No es ella la esposa de Cristo? ¿No puede entrar hasta su Rey a cualquier hora? ¿Dejará sin usar el precioso privilegio? La Iglesia siempre tiene necesidad de oración. Siempre hay en medio de ella algunos que decaen, o que caen en pecado abierto. Hay corderos por los que orar, para que sean llevados en el seno de Cristo; los fuertes, no sea que se vuelvan presuntuosos; y los débiles, no sea que caigan en desesperación. Si mantuviéramos reuniones de oración veinticuatro horas al día, todos los días del año, quizá nunca nos faltaría un asunto especial de súplica. ¿Estamos alguna vez sin los enfermos y los pobres, los afligidos y los vacilantes? ¿Estamos alguna vez sin quienes buscan la conversión de sus parientes, la recuperación de los descarriados, o la salvación de los depravados? No; con congregaciones que se reúnen sin cesar, con ministros que predican siempre, con millones de pecadores que yacen muertos en delitos y pecados; en un país sobre el cual está descendiendo, sin duda, la oscuridad del romanismo; en un mundo lleno de ídolos, de crueldades y de obras diabólicas, si la Iglesia no ora, ¿cómo excusará su vil descuido del encargo de su Señor amoroso? Sea constante la Iglesia en la súplica; eche cada creyente en particular su blanca de oración en el tesoro.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde