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11 de noviembre

Mañana

Deuteronomio 33:27«acá abajo los brazos eternos»

Dios —el Dios eterno— es él mismo nuestro sostén en todo tiempo, y especialmente cuando nos hundimos en honda tribulación. Hay temporadas en que el cristiano se hunde muy bajo en la humillación. Bajo un sentido profundo de su gran pecaminosidad, se humilla delante de Dios hasta que apenas sabe cómo orar, porque parece, a sus propios ojos, tan sin valor. Pues bien, hijo de Dios, recuerda que, cuando estás en lo peor y en lo más bajo, todavía están debajo de ti «los brazos eternos». El pecado puede arrastrarte tan bajo como quiera, pero la gran expiación de Cristo sigue estando debajo de todo. Puede que hayas descendido a lo profundo, pero no puedes haber caído tan bajo como para pasar de «lo sumo»; y hasta lo sumo él salva. Asimismo, el cristiano a veces se hunde muy hondo en una dura prueba de fuera. Se le corta todo apoyo terreno. ¿Y entonces? Todavía, debajo de él, están «los brazos eternos». No puede caer tan hondo en la angustia y la aflicción que la gracia del pacto de un Dios siempre fiel no siga rodeándolo. El cristiano puede estar hundiéndose bajo la tribulación de dentro, por un conflicto feroz; pero aun entonces no puede ser llevado tan bajo que quede fuera del alcance de los «brazos eternos»: están debajo de él; y, mientras así es sostenido, de nada sirven todos los esfuerzos de Satanás por dañarlo.

Esta seguridad de sostén es consuelo para cualquier obrero fatigado, pero ferviente, en el servicio de Dios. Implica una promesa de fuerza para cada día, de gracia para cada necesidad y de poder para cada deber. Y, además, cuando venga la muerte, la promesa seguirá en pie. Cuando estemos en medio del Jordán, podremos decir con David: «no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo». Descenderemos al sepulcro, pero no bajaremos más, porque los brazos eternos impiden que caigamos más allá. Durante toda la vida, y al cierre de ella, seremos sostenidos por los «brazos eternos»: brazos que ni flaquean ni pierden su fuerza, porque el Dios del siglo «no se trabaja, ni se fatiga con cansancio».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 47:4«El nos elegirá nuestras heredades»

Creyente, si tu heredad es humilde, has de contentarte con tu porción terrenal; porque puedes estar seguro de que es la más adecuada para ti. La sabiduría que no yerra decretó tu suerte, y escogió para ti la condición más segura y la mejor. Hay que hacer subir por el río un barco de gran tonelaje; ahora bien, en un trecho de la corriente hay un banco de arena. Si alguien preguntara: «¿Por qué el capitán gobierna por la parte honda del canal y se desvía tanto de la línea recta?», su respuesta sería: «Porque no metería mi nave en el puerto de ninguna manera si no me mantuviera en el canal hondo». Así, bien puede ser que encallaras y naufragaras, si tu Capitán divino no te gobernara hacia lo profundo de la aflicción, donde olas de tribulación se siguen unas a otras en rápida sucesión. Algunas plantas mueren si tienen demasiado sol. Puede que estés plantado donde recibes muy poco; allí te puso el Labrador amoroso, porque solo en esa situación darás fruto hasta la perfección. Recuerda esto: si cualquier otra condición hubiera sido mejor para ti que aquella en la que estás, el amor divino te habría puesto allí. Dios te ha colocado en las circunstancias más convenientes, y si te tocara escoger tu suerte, pronto clamarías: «Señor, escoge tú mi heredad, porque por mi propia voluntad estoy traspasado de muchos dolores». Conténtate con lo que tienes, pues el Señor ha ordenado todas las cosas para tu bien. Toma tu propia cruz de cada día; es la carga que mejor se ajusta a tu hombro, y resultará la más eficaz para hacerte perfecto en toda buena palabra y obra, para gloria de Dios. ¡Abajo el yo afanoso y la impaciencia soberbia! No les toca escoger, sino al Señor del Amor.

Las pruebas han de venir, y vendrán; mas ver con humilde fe el amor inscrito en todas ellas: esto es dicha para mí.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde