7 de noviembre
Mañana
Isaías 49:16«He aquí que en las palmas te tengo esculpida»Sin duda, parte del asombro que se concentra en la palabra «He aquí» lo provoca el lamento incrédulo de la frase anterior. Sión dijo: «Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí.» ¡Qué asombrada parece la mente divina ante esta incredulidad perversa! ¿Qué puede ser más pasmoso que las dudas y los temores sin fundamento del pueblo favorecido de Dios? La amorosa palabra de reprensión del Señor debería hacernos sonrojar; él clama: «¿Cómo puedo haberte olvidado, si te tengo esculpida en las palmas de mis manos? ¿Cómo te atreves a dudar de mi recuerdo constante, cuando el memorial está puesto sobre mi misma carne?» ¡Oh incredulidad, qué maravilla tan extraña eres! No sabemos de qué asombrarnos más, si de la fidelidad de Dios o de la incredulidad de su pueblo. Él cumple su promesa mil veces, y sin embargo la prueba siguiente nos hace dudar de él. Nunca falta; nunca es pozo seco; nunca es como un sol que se pone, un meteoro que pasa o un vapor que se disipa; y, con todo, estamos tan continuamente acosados de ansiedades, molestados de sospechas y turbados de temores, como si nuestro Dios fuera el espejismo del desierto. «He aquí» es una palabra destinada a excitar la admiración. Aquí, en verdad, tenemos un tema para maravillarnos. El cielo y la tierra bien pueden pasmarse de que unos rebeldes obtengan tal cercanía al corazón del amor infinito como para ser escritos en las palmas de sus manos. «Te tengo esculpida.» No dice: «Tu nombre.» El nombre está ahí, pero eso no es todo: «te tengo esculpida.» ¡Mira la plenitud de esto! He esculpido tu persona, tu imagen, tu causa, tus circunstancias, tus pecados, tus tentaciones, tus flaquezas, tus necesidades, tus obras; te he esculpido a ti, todo lo que hay acerca de ti, todo lo que te concierne; te he puesto allí por entero. ¿Volverás a decir alguna vez que tu Dios te ha desamparado, cuando te tiene esculpida en sus propias palmas?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hechos 1:8«y me sereís testigos»Para aprender a cumplir tu deber de testigo de Cristo, mira su ejemplo. Él está siempre dando testimonio: junto al pozo de Samaria, o en el templo de Jerusalén; a la orilla del lago de Genesaret, o en la cima del monte. Da testimonio de noche y de día; sus oraciones poderosas son tan elocuentes ante Dios como sus servicios diarios. Da testimonio en toda circunstancia; los escribas y los fariseos no pueden cerrarle la boca; aun delante de Pilato da el buen testimonio. Da testimonio con tanta claridad y distinción que en él no hay equivocación. Cristiano, haz de tu vida un testimonio claro. Sé como el arroyo en el que se ve cada piedra del fondo, no como el riachuelo turbio del que solo se ve la superficie, sino claro y transparente, de modo que tu amor de corazón a Dios y al hombre sea visible para todos. No hace falta que digas: «Soy veraz»; sé veraz. No te jactes de integridad: sé recto. Así tu testimonio será tal que los hombres no podrán dejar de verlo. Nunca, por temor a un hombre débil, reprimas tu testimonio. Tus labios han sido calentados con un carbón del altar; que hablen como deben hablar unos labios tocados por el cielo. «Por la mañana siembra tu simiente, y á la tarde no dejes reposar tu mano.» No mires las nubes, no consultes el viento: a tiempo y fuera de tiempo, da testimonio del Salvador; y si aconteciere que por causa de Cristo y del evangelio hubieres de padecer en cualquier forma, no te retraigas, sino gózate en el honor que así se te confiere, de ser tenido por digno de padecer con tu Señor; y gózate también en esto: que tus padecimientos, tus pérdidas y tus persecuciones serán una plataforma desde la cual, con más vigor y con mayor poder, darás testimonio de Cristo Jesús. Estudia tu gran Ejemplar, y llénate de su Espíritu. Recuerda que necesitas mucha enseñanza, mucho sostén, mucha gracia y mucha humildad, si tu testimonio ha de ser para la gloria de tu Maestro.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde