3 de noviembre
Mañana
Hechos 9:11«he aquí, él ora»Las oraciones son notadas al instante en el cielo. En el momento en que Saulo comenzó a orar, el Señor lo oyó. Aquí hay consuelo para el alma atribulada, pero que ora. Muchas veces un pobre de corazón quebrantado dobla la rodilla, pero solo puede proferir su lamento en el lenguaje de los suspiros y de las lágrimas; y sin embargo ese gemido ha hecho vibrar con música todas las arpas del cielo; esa lágrima ha sido recogida por Dios y atesorada en el lacrimatorio del cielo. «Tú pones mis lágrimas en tu redoma» da a entender que son recogidas conforme van corriendo. El suplicante, a quien los temores le impiden las palabras, será bien comprendido por el Altísimo. Puede que solo alce la mirada con el ojo empañado; pero «la oración es la caída de una lágrima». Las lágrimas son los diamantes del cielo; los suspiros son parte de la música de la corte de Jehová, y se cuentan entre «las más sublimes melodías que llegan a la majestad de lo alto». No pienses que tu oración, por débil o temblorosa que sea, quedará desatendida. La escalera de Jacob es altísima, pero nuestras oraciones se apoyarán en el Ángel del pacto y así subirán por sus peldaños estrellados. Nuestro Dios no solo oye la oración, sino que también ama oírla. «no se olvidó del clamor de los pobres.» Cierto: no atiende a las miradas altivas ni a las palabras encumbradas; no le importan la pompa y el boato de los reyes; no escucha el hincharse de la música marcial; no mira el triunfo ni el orgullo del hombre; pero dondequiera que hay un corazón henchido de dolor, o un labio que tiembla de agonía, o un gemido profundo, o un suspiro de penitencia, el corazón de Jehová está abierto; lo apunta en el registro de su memoria; pone nuestras oraciones, como hojas de rosa, entre las páginas de su libro de memoria, y cuando al fin se abra el volumen, de él se alzará una fragancia preciosa.
La fe no pide señal de los cielos, que muestre que las oraciones suben aceptadas; nuestro Sacerdote está en su lugar santo, y responde desde el trono de la gracia.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
2 Crónicas 30:27«su oración llegó á la habitación de su santuario, al cielo.»La oración es el recurso que nunca falla al cristiano, en cualquier caso, en todo aprieto. Cuando no puedas usar tu espada, puedes echar mano del arma de toda oración. Tu pólvora puede estar húmeda, la cuerda de tu arco puede estar floja, pero el arma de toda oración nunca tiene por qué estar inutilizada. Leviatán se ríe de la jabalina, pero tiembla ante la oración. La espada y la lanza necesitan bruñirse, pero la oración nunca se oxida, y cuando más embotada la creemos, es cuando mejor corta. La oración es una puerta abierta que nadie puede cerrar. Los demonios pueden rodearte por todos lados, pero el camino hacia arriba está siempre abierto, y mientras ese camino no esté obstruido, no caerás en mano del enemigo. Nunca podremos ser tomados por bloqueo, escalada, mina o asalto, mientras los socorros celestiales puedan descender hasta nosotros por la escalera de Jacob para aliviarnos en el tiempo de nuestras necesidades. La oración nunca está fuera de sazón: en verano y en invierno su mercancía es preciosa. La oración alcanza audiencia en el cielo en lo muerto de la noche, en medio de los negocios, en el calor del mediodía, en las sombras de la tarde. En toda condición, sea de pobreza, de enfermedad, de vida oscura, de calumnia o de duda, tu Dios del pacto acogerá tu oración y la responderá desde su lugar santo. Ni es jamás vana la oración. La oración verdadera es siempre verdadero poder. Puede que no siempre obtengas lo que pides, pero siempre tendrás suplidas tus necesidades reales. Cuando Dios no responde a sus hijos conforme a la letra, lo hace conforme al espíritu. Si pides harina basta, ¿te enojarás porque él te da la flor de la harina? Si buscas la salud del cuerpo, ¿habrías de quejarte si, en lugar de ella, él hace que tu enfermedad se vuelva curación de males espirituales? ¿No es mejor tener la cruz santificada que quitada? Esta tarde, alma mía, no olvides ofrecer tu petición y tu ruego, porque el Señor está pronto para concederte tus deseos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde