27 de octubre
Mañana
2 Timoteo 2:11«Es palabra fiel»Pablo tiene cuatro de estas «palabras fieles». La primera está en 1 Timoteo 1:15: «Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores». La siguiente está en 1 Timoteo 4:8-9: «la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos». La tercera está en 2 Timoteo 2:11-12: «Es palabra fiel: … Si sufrimos, también reinaremos con él»; y la cuarta está en Tito 3:8: «Palabra fiel, … para que los que creen á Dios procuren gobernarse en buenas obras». Podemos rastrear una conexión entre estas palabras fieles. La primera pone el fundamento de nuestra salvación eterna en la gracia gratuita de Dios, tal como se nos muestra en la misión del gran Redentor. La siguiente afirma la doble bienaventuranza que obtenemos mediante esta salvación: las bendiciones de las fuentes de arriba y de las de abajo, las del tiempo y las de la eternidad. La tercera muestra uno de los deberes a los que es llamado el pueblo escogido; estamos ordenados para sufrir por Cristo, con la promesa de que «si sufrimos, también reinaremos con él». La última expone la forma activa del servicio cristiano, mandándonos procurar con diligencia gobernarnos en buenas obras. Así tenemos la raíz de la salvación en la gracia gratuita; luego, los privilegios de esa salvación en esta vida presente y en la venidera; y tenemos también las dos grandes ramas del sufrir con Cristo y del servir con Cristo, cargadas con los frutos del Espíritu. Atesora estas palabras fieles. Sean la guía de nuestra vida, y nuestro consuelo y nuestra instrucción. El apóstol de los gentiles probó que son fieles; siguen siendo fieles; ni una palabra caerá en tierra; son dignas de ser recibidas de todos; recibámoslas ahora, y probemos su fidelidad. Queden estas cuatro palabras fieles escritas en las cuatro esquinas de mi casa.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Isaías 64:6«todos nosotros somos como suciedad»El creyente es una nueva criatura; pertenece a una generación santa y a un pueblo adquirido: el Espíritu de Dios está en él y, en todos los aspectos, está muy apartado del hombre natural; pero, con todo eso, el cristiano sigue siendo pecador. Lo es por la imperfección de su naturaleza, y lo seguirá siendo hasta el fin de su vida terrenal. Los dedos negros del pecado dejan tizne sobre nuestras vestiduras más hermosas. El pecado echa a perder nuestro arrepentimiento antes de que el gran Alfarero lo haya terminado sobre el torno. El egoísmo contamina nuestras lágrimas, y la incredulidad adultera nuestra fe. Lo mejor que jamás hicimos, aparte del mérito de Jesús, no hizo sino aumentar el número de nuestros pecados; porque, cuando más puros hemos sido a nuestros propios ojos, con todo, como los cielos, no somos limpios delante de los ojos de Dios; y así como él notó necedad en sus ángeles, con mucha mayor razón ha de notarla en nosotros, aun en nuestros estados de ánimo más angélicos. El cántico que se estremece hasta el cielo, y procura emular las melodías seráficas, tiene disonancias humanas. La oración que mueve el brazo de Dios sigue siendo una oración magullada y maltrecha, y solo mueve ese brazo porque el que es sin pecado, el gran Mediador, ha intervenido para quitar el pecado de nuestra súplica. La fe más áurea, o el grado más puro de santificación a que un cristiano haya llegado jamás en la tierra, tiene todavía tanta aleación que, considerado en sí mismo, solo es digno de las llamas. Cada noche que nos miramos al espejo vemos a un pecador, y nos es necesario confesar: «Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia». ¡Oh, cuán preciosa es la sangre de Cristo para corazones como los nuestros! ¡Qué don sin precio es su justicia perfecta! ¡Y cuán resplandeciente la esperanza de la santidad perfecta en el porvenir! Aun ahora, aunque el pecado habita en nosotros, su poder está quebrantado. No tiene dominio; es una serpiente de espinazo quebrado; estamos en amargo conflicto con ella, pero es con un enemigo vencido con quien hemos de vérnoslas. Aún un poco, y entraremos victoriosos en la ciudad donde no entra ninguna cosa sucia.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde