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26 de octubre

Mañana

Hageo 1:9«Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre á su propia casa.»

Las almas mezquinas escatiman sus contribuciones al ministerio y a la obra misionera, y a semejante ahorro lo llaman buena economía; poco sueñan que así se empobrecen a sí mismas. Su excusa es que deben cuidar de sus propias familias, y olvidan que descuidar la casa de Dios es el camino seguro para traer ruina sobre sus propias casas. Nuestro Dios tiene un método en la providencia por el cual puede hacer prosperar nuestros esfuerzos más allá de lo que esperamos, o puede frustrar nuestros planes para nuestra confusión y consternación; con un giro de su mano puede encaminar nuestra nave por un canal provechoso, o hacerla encallar en la pobreza y la bancarrota. Es enseñanza de la Escritura que el Señor enriquece al liberal y deja que el avaro descubra que retener tiende a la pobreza. En un ámbito de observación muy amplio he notado que los cristianos más generosos de cuantos conozco han sido siempre los más felices, y casi invariablemente los más prósperos. He visto al dador liberal elevarse a riquezas con las que nunca soñó; y con la misma frecuencia he visto al tacaño ruin y nada generoso descender a la pobreza por la misma parsimonia con que pensaba subir. Los hombres confían sumas cada vez mayores a los buenos mayordomos, y así sucede con frecuencia con el Señor; él da a carretadas a los que dan por fanegas. Donde no se concede la riqueza, el Señor hace que lo poco sea mucho mediante el contentamiento que el corazón santificado siente en una porción cuyo diezmo ha sido dedicado al Señor. El egoísmo mira primero a la propia casa, pero la piedad busca primeramente el reino de Dios y su justicia; con todo, a la larga el egoísmo es pérdida, y la piedad es gran ganancia. Hace falta fe para obrar para con nuestro Dios con la mano abierta, pero sin duda él lo merece de nosotros; y todo cuanto podemos hacer es un reconocimiento muy pobre de nuestra asombrosa deuda para con su bondad.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Eclesiastés 1:7«Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo.»

Todo lo que hay bajo la luna está en movimiento; el tiempo no sabe de reposo. La tierra sólida es una bola que rueda, y el gran sol mismo, una estrella que cumple obediente su curso en torno de algún luminar mayor. Las mareas mueven el mar, los vientos agitan el océano del aire, la fricción desgasta la roca: el cambio y la muerte imperan por todas partes. El mar no es el almacén de un avaro para un caudal de aguas, pues así como por una fuerza las aguas fluyen hacia él, por otra son levantadas de él. Los hombres nacen solo para morir: todo es prisa, zozobra y aflicción de espíritu. Amigo del Jesús inmutable, ¡qué gozo es meditar en tu heredad inmutable: tu mar de dicha, que estará lleno para siempre, pues Dios mismo derramará en él ríos eternos de placer! Buscamos una ciudad permanente más allá de los cielos, y no quedaremos defraudados. El pasaje que tenemos delante bien puede enseñarnos gratitud. El padre Océano es un gran receptor, pero es un generoso distribuidor. Lo que los ríos le traen, lo devuelve a la tierra en forma de nubes y de lluvia. Descoyuntado anda, respecto del universo, el hombre que todo toma y nada devuelve. Dar a otros no es sino sembrar semilla para nosotros mismos. Al que es tan buen mayordomo que está dispuesto a emplear sus bienes para su Señor, se le confiará más. Amigo de Jesús, ¿le rindes conforme al beneficio recibido? Mucho se te ha dado: ¿cuál es tu fruto? ¿Lo has hecho todo? ¿No puedes hacer más? Ser egoísta es ser malvado. Supongamos que el océano no entregara nada de su tesoro de aguas: traería ruina sobre nuestra raza. No permita Dios que alguno de nosotros siga la política poco generosa y destructora de vivir para nosotros mismos. Jesús no se agradó a sí mismo. Toda plenitud habita en él, pero de su plenitud tomamos todos. ¡Ojalá tengamos el espíritu de Jesús, para que de aquí en adelante no vivamos para nosotros mismos!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde