25 de octubre
Mañana
2 Juan 1:2«Por la verdad que está en nosotros, y será perpetuamente con nosotros»Con que la verdad de Dios logre una sola vez entrada en el corazón humano y someta a sí al hombre entero, ningún poder, humano o infernal, puede desalojarla. No la recibimos como a una invitada, sino como a la dueña de la casa: esto es una necesidad cristiana; no es cristiano quien no cree así. Quienes sienten el poder vital del evangelio, y conocen la fuerza del Espíritu Santo cuando abre, aplica y sella la Palabra del Señor, preferirían ser despedazados antes que ser arrancados del evangelio de su salvación. ¡Qué millares de misericordias van envueltas en la certeza de que la verdad será perpetuamente con nosotros; será nuestro sostén en la vida, nuestro consuelo al morir, nuestro cántico al resucitar, nuestra gloria eterna! Esto es privilegio cristiano; sin él, nuestra fe valdría poco. Algunas verdades las superamos y las dejamos atrás, porque no son sino rudimentos y lecciones para principiantes; pero no podemos tratar así a la verdad divina, pues, aunque es dulce alimento para los niños, en el más alto sentido es vianda firme para los hombres. La verdad de que somos pecadores está dolorosamente con nosotros, para humillarnos y volvernos vigilantes; la verdad más bienaventurada, la de que todo aquel que cree en el Señor Jesús será salvo, permanece con nosotros como nuestra esperanza y nuestro gozo. La experiencia, lejos de aflojar nuestro asimiento de las doctrinas de la gracia, nos ha unido a ellas más y más firmemente; nuestros fundamentos y motivos para creer son ahora más fuertes, más numerosos que nunca, y tenemos razón para esperar que así será hasta que, en la muerte, estrechemos al Salvador en nuestros brazos.
Dondequiera que se descubra este amor permanente a la verdad, estamos obligados a ejercer nuestro amor. Ningún círculo estrecho puede contener nuestras simpatías llenas de gracia; tan amplia como la elección de la gracia ha de ser nuestra comunión de corazón. Mucho error puede ir mezclado con la verdad recibida; guerreemos contra el error, pero amemos aún al hermano por la medida de verdad que vemos en él; y, sobre todo, amemos y difundamos nosotros mismos la verdad.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Rut 2:3«Fué pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores: y aconteció por ventura, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelech.»Aconteció por ventura. Sí, no parecía más que un accidente, pero ¡cuán divinamente fue gobernado! Rut había salido con la bendición de su madre, bajo el cuidado del Dios de su madre, a una labor humilde pero honrosa, y la providencia de Dios guiaba cada uno de sus pasos. Poco sabía que entre las gavillas hallaría un esposo, que él la haría copropietaria de todas aquellas anchas tierras, y que ella, pobre extranjera, llegaría a ser una de las progenitoras del gran Mesías. Dios es muy bueno para con los que confían en él, y a menudo los sorprende con bendiciones no esperadas. Poco sabemos lo que puede sucedernos mañana, pero este dulce hecho puede animarnos: que ningún bien será quitado. El azar está desterrado de la fe de los cristianos, pues ven la mano de Dios en todas las cosas. Los sucesos triviales de hoy o de mañana pueden traer consecuencias de la mayor importancia. ¡Oh Señor, trata a tus siervos con tanta gracia como trataste a Rut!
¡Cuán bienaventurado sería si, al vagar esta noche por el campo de la meditación, aconteciera por ventura que diéramos con el lugar donde nuestro Pariente cercano se nos revelará! ¡Oh Espíritu de Dios, guíanos a él! Antes quisiéramos espigar en su campo que llevarnos la cosecha entera de cualquier otro. ¡Oh, si tuviéramos las huellas de su rebaño, que pueden conducirnos a los delicados pastos donde él mora! Este es un mundo fatigoso cuando Jesús está lejos; mejor podríamos prescindir del sol y de la luna que de él; pero ¡cuán divinamente hermosas se vuelven todas las cosas en la gloria de su presencia! Nuestras almas conocen la virtud que mora en Jesús, y nunca pueden contentarse sin él. Esperaremos en oración esta noche hasta que acontezca por ventura que demos con una parte del campo que pertenece a Jesús, en la cual él se nos manifestará.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde