‹ Devocional

23 de octubre

Mañana

Juan 6:67«¿Queréis vosotros iros también?»

Muchos han dejado a Cristo y ya no andan con él; pero ¿qué razón tienes tú para cambiar? ¿Ha habido alguna razón para ello en el pasado? ¿No ha demostrado Jesús ser del todo suficiente? Esta mañana él apela a ti: «¿He sido yo para ti soledad?» Cuando tu alma ha confiado sencillamente en Jesús, ¿has quedado alguna vez avergonzado? ¿No has hallado hasta ahora que tu Señor es para ti un amigo compasivo y generoso, y acaso la fe sencilla en él no te ha dado toda la paz que tu espíritu podía desear? ¿Puedes siquiera soñar con un amigo mejor de lo que él ha sido para ti? Entonces no cambies lo antiguo y probado por lo nuevo y falso. En cuanto al presente, ¿puede esto obligarte a dejar a Cristo? Cuando estamos duramente acosados por este mundo, o por las pruebas más severas dentro de la Iglesia, hallamos que es cosa benditísima reclinar la cabeza sobre el pecho de nuestro Salvador. Este es el gozo que hoy tenemos: que estamos salvos en él; y si este gozo satisface, ¿por qué habríamos de pensar en cambiar? ¿Quién trueca el oro por escoria? No abjuraremos del sol hasta que hallemos una luz mejor, ni dejaremos a nuestro Señor hasta que aparezca un amante más resplandeciente; y, como esto nunca puede ser, lo retendremos con un asimiento inmortal y ataremos su nombre como un sello sobre nuestro brazo. En cuanto al futuro, ¿puedes sugerir algo que pueda surgir y haga necesario que te amotines, o que desertes de la vieja bandera para servir bajo otro capitán? Pensamos que no. Si la vida es larga, él no cambia. Si somos pobres, ¿qué mejor que tener a Cristo, que puede enriquecernos? Cuando estamos enfermos, ¿qué más queremos sino a Jesús, para que nos haga la cama en nuestra enfermedad? Cuando muramos, ¿no está escrito que «ni la muerte, ni la vida, … ni lo presente, ni lo por venir, … nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro»? Decimos con Pedro: «Señor, ¿á quién iremos?»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Lucas 22:46«¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.»

¿Cuándo está el cristiano más propenso a dormirse? ¿No es cuando sus circunstancias temporales son prósperas? ¿No lo has hallado así? Cuando tenías aflicciones diarias que llevar al trono de la gracia, ¿no estabas más despierto que ahora? Los caminos fáciles hacen viajeros soñolientos. Otro momento peligroso es cuando todo marcha con agrado en lo espiritual. Cristiano no se durmió cuando había leones en el camino, ni cuando vadeaba el río, ni cuando luchaba con Apolión; pero cuando hubo subido hasta la mitad de la Colina de la Dificultad y llegó a un emparrado delicioso, se sentó, y al punto se quedó dormido, para su gran dolor y pérdida. La Tierra Encantada es un lugar de brisas balsámicas, cargadas de olores fragantes y de influencias suaves, todas tendentes a adormecer a los peregrinos. Recuerda la descripción de Bunyan: «Entonces llegaron a un emparrado, cálido, que prometía mucho refrigerio a los peregrinos cansados; pues estaba primorosamente labrado por encima, hermoseado con verdor y provisto de bancos y escaños. Tenía también en su interior un blando lecho, donde el cansado podía recostarse.» «El emparrado se llamaba el Amigo del Perezoso, y había sido hecho a propósito para atraer, si fuera posible, a algunos de los peregrinos a tomar allí su descanso cuando estuvieran cansados.» Tenlo por cierto: es en los lugares fáciles donde los hombres cierran los ojos y vagan hacia la tierra soñadora del olvido. El viejo Erskine observó con sabiduría: «Prefiero un diablo rugiente a un diablo dormido.» No hay tentación ni la mitad de peligrosa que la de no ser tentado. El alma afligida no duerme; es después de entrar en una confianza apacible y en la plena seguridad cuando estamos en peligro de adormecernos. Los discípulos se durmieron después de haber visto a Jesús transfigurado en la cumbre del monte. Ten cuidado, cristiano gozoso: las buenas disposiciones son vecinas cercanas de las tentaciones; sé tan feliz como quieras, solo permanece vigilante.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde