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22 de octubre

Mañana

Oseas 14:4«amarélos de voluntad»

Esta frase es un cuerpo de teología en miniatura. Quien entiende su sentido es un teólogo, y quien puede sumergirse en su plenitud es un verdadero maestro en Israel. Es una condensación del glorioso mensaje de salvación que nos fue entregado en Cristo Jesús, nuestro Redentor. El sentido gira sobre ese «de voluntad». Esta es la manera gloriosa, adecuada y divina por la cual el amor fluye del cielo a la tierra, un amor espontáneo que brota hacia quienes ni lo merecieron, ni lo compraron, ni lo buscaron. Es, en verdad, la única manera en que Dios puede amar a tales como nosotros. El texto es un golpe de muerte contra toda clase de aptitud: «amarélos de voluntad». Ahora bien, si en nosotros fuera necesaria alguna aptitud, entonces no nos amaría de voluntad; al menos, esto sería una atenuación y un menoscabo de esa gratuidad. Pero permanece en pie: «te amaré de voluntad». Nos quejamos: «Señor, mi corazón está tan duro.» «Te amaré de voluntad.» «Pero no siento mi necesidad de Cristo como quisiera.» «No es porque sientas tu necesidad por lo que te amaré; te amaré de voluntad.» «Pero no siento ese ablandamiento del espíritu que desearía.» Recuerda: el ablandamiento del espíritu no es una condición, porque no hay condiciones; el pacto de gracia no tiene condicionalidad alguna; de modo que nosotros, sin aptitud alguna, podemos aventurarnos sobre la promesa de Dios que nos fue hecha en Cristo Jesús, cuando dijo: «El que en él cree, no es condenado.» ¡Es bienaventurado saber que la gracia de Dios es libre para nosotros en todo tiempo, sin preparación, sin aptitud, sin dinero y sin precio! «amarélos de voluntad.» Estas palabras invitan a los descarriados a volver; es más, el texto fue escrito especialmente para ellos: «Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad.» ¡Descarriado! Ciertamente la generosidad de la promesa quebrantará al instante tu corazón, y volverás, y buscarás el rostro de tu Padre ofendido.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Juan 16:15«tomará de lo mío, y os [lo] hará saber»

Hay momentos en que todas las promesas y doctrinas de la Biblia de nada sirven, a menos que una mano llena de gracia nos las aplique. Tenemos sed, pero estamos demasiado desfallecidos para arrastrarnos hasta el arroyo. Cuando un soldado es herido en la batalla, de poco le sirve saber que en el hospital hay quienes pueden vendar sus heridas, y que allí hay medicinas para aliviar todos los dolores que ahora padece: lo que necesita es que lo lleven allá y que le apliquen los remedios. Así es con nuestras almas, y para acudir a esta necesidad hay uno, a saber, el Espíritu de verdad, que toma de las cosas de Jesús y nos las aplica. No pienses que Cristo ha puesto sus gozos en anaqueles celestiales para que nosotros trepemos hasta ellos por nuestra cuenta, sino que él se acerca y derrama su paz en nuestros corazones. Oh, cristiano, si esta noche estás agobiado bajo profundas angustias, tu Padre no te da promesas para luego dejarte sacarlas de la Palabra como cubos de un pozo, sino que las promesas que ha escrito en la Palabra las escribirá de nuevo en tu corazón. Manifestará su amor hacia ti y, por su bendito Espíritu, disipará tus inquietudes y tus angustias. Sábete, oh afligido, que es prerrogativa de Dios enjugar toda lágrima del ojo de su pueblo. El buen samaritano no dijo: «Aquí está el vino, y aquí está el aceite para ti»; realmente echó el aceite y el vino. Así Jesús no solo te da el vino dulce de la promesa, sino que sostiene el cáliz de oro junto a tus labios y vierte la sangre de vida en tu boca. El pobre peregrino, enfermo y rendido por el camino, no es meramente fortalecido para caminar, sino llevado sobre alas de águilas. ¡Evangelio glorioso, que provee todo para el desvalido, que se acerca a nosotros cuando no podemos alcanzarlo, y nos trae la gracia antes de que busquemos la gracia! Hay tanta gloria en el dar como en el don. Dichosos los que tienen al Espíritu Santo para que les traiga a Jesús.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde