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20 de octubre

Mañana

Efesios 4:15«crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza»

Muchos cristianos permanecen achaparrados y enanos en las cosas espirituales, de modo que presentan el mismo aspecto año tras año. No se manifiesta en ellos ningún brote de un sentimiento adelantado y refinado. Existen, pero no se cumple en ellos el «crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza». Pero ¿hemos de contentarnos con quedarnos en la «hierba» verde, cuando podríamos avanzar hasta la «espiga» y al fin madurar en el «grano lleno en la espiga»? ¿Hemos de darnos por satisfechos con creer en Cristo y decir: «Estoy a salvo», sin desear conocer en nuestra propia experiencia más de la plenitud que se halla en él? No ha de ser así; debemos, como buenos mercaderes en el mercado del cielo, codiciar ser enriquecidos en el conocimiento de Jesús. Muy bien está guardar las viñas ajenas, pero no debemos descuidar nuestro propio crecimiento y nuestra propia madurez espiritual. ¿Por qué ha de ser siempre tiempo de invierno en nuestros corazones? Hemos de tener nuestro tiempo de siembra, es cierto, pero ¡quién tuviera también un tiempo de primavera! Sí, una estación de verano que dé promesa de una cosecha temprana. Si queremos madurar en la gracia, hemos de vivir cerca de Jesús —en su presencia—, madurados por el sol de sus sonrisas. Hemos de tener con él dulce comunión. Hemos de dejar la vista lejana de su rostro y acercarnos, como hizo Juan, y reclinar nuestra cabeza sobre su pecho; entonces nos hallaremos avanzando en santidad, en amor, en fe, en esperanza: sí, en todo don precioso. Como el sol sale primero sobre las cumbres de los montes y las dora con su luz, y presenta al ojo del viajero una de las vistas más encantadoras, así es una de las contemplaciones más deleitosas del mundo contemplar el resplandor de la luz del Espíritu sobre la cabeza de algún santo que se ha alzado en estatura espiritual, como Saúl, por encima de sus compañeros, hasta que, como un poderoso Alpe coronado de nieve, refleja el primero entre los elegidos los rayos del Sol de justicia, y lleva en alto el brillo de su refulgencia para que todos lo vean y, al verlo, glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Isaías 43:6«No detengas»

Aunque este mensaje fue enviado al sur, y se refería a la simiente de Israel, puede aprovecharnos como un llamamiento a nosotros mismos. Por naturaleza nos rezagamos ante todo lo bueno, y es lección de la gracia aprender a avanzar en los caminos de Dios. Lector, ¿estás inconverso, pero deseas confiar en el Señor Jesús? Entonces, no te detengas. El amor te invita, las promesas te aseguran el éxito, la sangre preciosa prepara el camino. No dejes que pecados o temores te estorben, sino ven a Jesús tal como eres. ¿Anhelas orar? ¿Quisieras derramar tu corazón delante del Señor? No te detengas. El propiciatorio está preparado para los que necesitan misericordia; los clamores de un pecador prevalecerán ante Dios. Estás invitado; más aún, se te manda orar; ven, pues, con denuedo al trono de la gracia.

Querido amigo, ¿ya eres salvo? Entonces, no te retraigas de la unión con el pueblo del Señor. No descuides las ordenanzas del bautismo y de la Cena del Señor. Puede que seas de índole tímida, pero has de luchar contra ella, no sea que te lleve a la desobediencia. Hay una dulce promesa hecha a los que confiesan a Cristo: no vayas de ninguna manera a perderla, no sea que caigas bajo la condenación de los que lo niegan. Si tienes talentos, no te retraigas de usarlos. No atesores tus riquezas, no malgastes tu tiempo; no dejes que tus facultades se oxiden ni que tu influencia quede sin uso. Jesús no se reservó; imítalo siendo de los primeros en las abnegaciones y en los sacrificios de ti mismo. No te retraigas de la comunión íntima con Dios, ni de apropiarte con denuedo de las bendiciones del pacto, ni de avanzar en la vida divina, ni de escudriñar los preciosos misterios del amor de Cristo. Tampoco, amigo amado, te hagas culpable de retener a otros con tu frialdad, tu aspereza o tus sospechas. Por amor de Jesús, avanza tú mismo y anima a otros a hacer lo mismo. El infierno y las huestes coligadas de la superstición y de la incredulidad van adelante a la pelea. ¡Oh soldados de la cruz, no se queden atrás!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde