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19 de octubre

Mañana

1 Corintios 3:1«niños en Cristo»

¿Te lamentas, creyente, porque eres tan débil en la vida divina: porque tu fe es tan poca, tu amor tan endeble? Cobra ánimo, pues tienes motivo de gratitud. Recuerda que en algunas cosas eres igual al cristiano más grande y más crecido. Estás tan comprado con sangre como lo está él. Eres tan hijo adoptivo de Dios como cualquier otro creyente. Un infante es tan verdaderamente hijo de sus padres como lo es el hombre adulto. Estás tan completamente justificado, porque tu justificación no es cosa de grados: tu poca fe te ha hecho del todo limpio. Tienes tanto derecho a las cosas preciosas del pacto como los creyentes más adelantados, pues tu derecho a las misericordias del pacto no está en tu crecimiento, sino en el pacto mismo; y tu fe en Jesús no es la medida, sino la señal de tu herencia en él. Eres tan rico como el más rico, si no en el goce, sí en la posesión real. La estrella más pequeña que brilla está puesta en el cielo; el rayo de luz más tenue tiene afinidad con el gran orbe del día. En el registro de la familia de la gloria, los pequeños y los grandes están escritos con la misma pluma. Eres tan querido para el corazón de tu Padre como el más grande de la familia. Jesús es muy tierno para contigo. Eres como el pábilo que humea; un espíritu más áspero diría: «¡Apaga ese pábilo que humea; llena el cuarto de un olor ofensivo!»; pero él no apagará el pábilo que humeare. Eres como una caña cascada, y cualquier mano menos tierna que la del Músico principal te hollaría o te arrojaría, pero nunca quebrará la caña cascada. En vez de abatirte a causa de lo que eres, debes triunfar en Cristo. ¿Soy acaso tan solo pequeño en Israel? Con todo, en Cristo se me hace sentar en los lugares celestiales. ¿Soy pobre en fe? Aun así, en Jesús soy heredero de todas las cosas. Aunque «menos que nada puedo gloriarme, y vanidad confesar». Con todo, si la raíz del negocio está en mí, me alegraré en el Señor y me gloriaré en el Dios de mi salvación.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Job 35:10«Dios mi Hacedor, que da canciones en la noche»

Cualquier hombre puede cantar de día. Cuando la copa está llena, el hombre saca de ella inspiración. Cuando la riqueza rueda en abundancia a su alrededor, cualquiera puede alabar al Dios que da una cosecha abundante o envía a casa un navío cargado. Bastante fácil es que un arpa eolia susurre música cuando soplan los vientos; la dificultad está en que la música se hinche y salga cuando no se mueve viento alguno. Es fácil cantar cuando podemos leer las notas a la luz del día; pero es diestro el que canta cuando no hay ni un rayo de luz con que leer: el que canta desde el corazón. Nadie puede, por sí mismo, componer un cántico en la noche; podrá intentarlo, pero hallará que un cántico en la noche ha de ser inspirado divinamente. Si todo va bien, puedo tejer cánticos, formándolos, por dondequiera que voy, de las flores que crecen en mi senda; pero ponme en un desierto, donde no crece cosa verde, y ¿con qué compondré un himno de alabanza a Dios? ¿Cómo hará un hombre mortal una corona para el Señor donde no hay joyas? Basta que esta voz esté clara y este cuerpo lleno de salud, y puedo cantar la alabanza de Dios; haz callar mi lengua, ponme sobre el lecho de la languidez, y ¿cómo entonaré entonces las altas alabanzas de Dios, a menos que él mismo me dé el cántico? No: no está en poder del hombre cantar cuando todo es adverso, a menos que un carbón del altar le toque el labio. Fue un cántico divino el que cantó Habacuc cuando, en la noche, dijo: «Aunque la higuera no florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán mantenimiento, [y] las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salud.» Entonces, puesto que nuestro Hacedor da canciones en la noche, esperemos en él la música. Oh tú, Músico principal, no nos dejes permanecer sin cántico porque la aflicción está sobre nosotros, sino afina tú nuestros labios a la melodía de la acción de gracias.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde