18 de octubre
Mañana
Salmos 65:11«tus nubes destilan grosura»Muchas son «las sendas del Señor» que «destilan grosura» [N. del T.: así lee el original inglés; la RV1909 dice «tus nubes»], pero una especial es la senda de la oración. Ningún creyente que esté mucho en el aposento tendrá necesidad de clamar: «¡Mi flaqueza, mi flaqueza, ay de mí!». Las almas famélicas viven lejos del propiciatorio, y llegan a ser como los campos resecos en tiempos de sequía. Prevalecer ante Dios en la oración que lucha de seguro hace fuerte al creyente, aunque no lo haga feliz. El lugar más cercano a la puerta del cielo es el trono de la gracia celestial. Mucho a solas, y tendrás mucha seguridad; poco a solas con Jesús, y tu religión será superficial, contaminada de muchas dudas y temores, y sin el centelleo del gozo del Señor. Puesto que la senda de la oración que enriquece el alma está abierta aun para el santo más débil; puesto que no se requieren altos adelantos; puesto que no se te manda venir porque seas un santo adelantado, sino que se te invita libremente con solo que seas santo; mira, querido lector, que estés a menudo en el camino de la devoción privada. Permanece mucho de rodillas, pues así atrajo Elías la lluvia sobre los campos del Israel hambriento.
Hay otra senda especial que destila grosura para quienes andan por ella: el camino secreto de la comunión. ¡Oh, los deleites del compañerismo con Jesús! La tierra no tiene palabras que puedan expresar la santa calma de un alma reclinada en el seno de Jesús. Pocos cristianos lo entienden: viven en las tierras bajas y rara vez suben a la cumbre del Nebo; viven en el atrio exterior, no entran en el lugar santo, no hacen uso del privilegio del sacerdocio. De lejos ven el sacrificio, pero no se sientan con el sacerdote a comer de él y a gozar del sebo del holocausto. Pero tú, lector, siéntate siempre bajo la sombra de Jesús; sube a aquella palma y ase sus ramos; sea para ti tu Amado como el manzano entre los árboles silvestres, y serás saciado como de meollo y de grosura. ¡Oh Jesús, visítanos con tu salvación!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
1 Samuel 15:22«el obedecer es mejor que los sacrificios»Saúl había recibido orden de destruir por completo a todos los amalecitas y su ganado. En lugar de hacerlo, conservó al rey y permitió que su pueblo tomara lo mejor de los bueyes y de las ovejas. Cuando se le pidieron cuentas de esto, declaró que lo había hecho con la mira de ofrecer sacrificio a Dios; pero Samuel lo enfrentó en seguida con la certeza de que los sacrificios no eran excusa de un acto de rebelión directa. La sentencia que tenemos delante es digna de imprimirse en letras de oro y de colgarse ante los ojos de la presente generación idólatra, muy aficionada a las galas del culto voluntario, pero que descuida por completo las leyes de Dios. Tenlo siempre en la memoria: mantenerte estrictamente en la senda del mandamiento de tu Salvador es mejor que cualquier forma exterior de religión; y escuchar su precepto con oído atento es mejor que traer el sebo de los carneros, o cualquier otra cosa preciosa, para ponerla sobre su altar. Si estás dejando de guardar el menor de los mandamientos de Cristo a sus discípulos, te ruego que no sigas en la desobediencia. Todas las pretensiones de apego a tu Maestro que hagas, y todas las acciones devotas que puedas realizar, no son compensación de la desobediencia. «El obedecer», aun en lo más leve y lo más pequeño, «es mejor que los sacrificios», por pomposos que sean. No hables de cantos gregorianos, vestiduras suntuosas, incienso y estandartes; lo primero que Dios exige de su hijo es la obediencia; y aunque entregues tu cuerpo para ser quemado, y todos tus bienes para dar de comer a los pobres, si no escuchas los preceptos del Señor, de nada te aprovecharán todas tus formalidades. Cosa bienaventurada es ser enseñable como un niño pequeño, pero es cosa mucho más bienaventurada, una vez aprendida la lección, cumplirla al pie de la letra. ¡Cuántos adornan sus templos y engalanan a sus sacerdotes, pero rehúsan obedecer la palabra del Señor! «En su secreto no entre mi alma.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde