15 de octubre
Mañana
Malaquías 3:2«¿Y quién podrá sufrir el tiempo de su venida?»Su primera venida fue sin pompa externa ni alarde de poder y, sin embargo, en verdad fueron pocos los que pudieron sufrir su poder para probar. Herodes y toda Jerusalén con él se turbaron ante la noticia del nacimiento portentoso. Los que se figuraban estar esperándolo mostraron la falsedad de su profesión al rechazarlo cuando vino. Su vida en la tierra fue un aventador que probó el gran montón de la profesión religiosa, y bien pocos pudieron sufrir el proceso. Pero ¿qué será su segunda venida? ¿Qué pecador puede soportar el pensar en ella? «Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío». Cuando en su humillación no hizo sino decir a los soldados: «Yo soy», cayeron hacia atrás; ¿cuál será el terror de sus enemigos cuando se revele más plenamente como el «Yo soy»? Su muerte sacudió la tierra y oscureció el cielo: ¿cuál será el esplendor espantoso de aquel día en que, como Salvador viviente, convoque ante sí a los vivos y a los muertos? ¡Ojalá los terrores del Señor persuadieran a los hombres a dejar sus pecados y a besar al Hijo, porque no se enoje! Aunque cordero, es también el león de la tribu de Judá, que despedaza la presa; y aunque no quiebra la caña cascada, quebrará a sus enemigos con vara de hierro y los desmenuzará como vaso de alfarero. Ninguno de sus adversarios podrá sostenerse ante la tempestad de su ira, ni esconderse del granizo arrasador de su indignación; pero su amado pueblo lavado en sangre aguarda su aparición con gozo, y espera sufrirla sin temor: para ellos se sienta aun ahora como afinador, y cuando los haya probado saldrán como el oro. Escudriñémonos esta mañana y hagamos firme nuestra vocación y elección, para que la venida del Señor no cause oscuros presentimientos en nuestra mente. ¡Oh, gracia para desechar toda hipocresía, y para ser hallados por él sinceros y sin reprensión en el día de su aparición!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Éxodo 34:20«redimirás con cordero el primerizo del asno; y si no lo redimieres, le has de cortar la cabeza»Toda criatura primogénita ha de ser del Señor; pero, como el asno era inmundo, no podía presentarse en sacrificio. ¿Qué, entonces? ¿Había de dejársele ir libre de la ley universal? De ninguna manera. Dios no admite excepciones. El asno le es debido, pero no lo aceptará; no rebajará el reclamo y, con todo, no puede complacerse en la víctima. No quedaba otra salida sino la redención: la criatura había de salvarse por la sustitución de un cordero en su lugar; o, si no se redimía, había de morir. Alma mía, aquí tienes una lección. Ese animal inmundo eres tú; eres, con justicia, propiedad del Señor que te hizo y te conserva, pero eres tan pecador que Dios no quiere, no puede, aceptarte; y todo ha venido a parar en esto: el Cordero de Dios tiene que ponerse en tu lugar, o has de morir eternamente. Que el mundo entero sepa de tu gratitud hacia ese Cordero sin mancha que ya sangró por ti, y así te redimió de la maldición fatal de la ley. ¿No fue a veces una pregunta, para el israelita, cuál había de morir, el asno o el cordero? ¿No se detendría el hombre bueno a estimar y comparar? Por cierto que no había comparación entre el valor del alma del hombre y la vida del Señor Jesús; y, sin embargo, el Cordero muere, y el hombre, el asno, queda con vida. Alma mía, admira el amor sin límites de Dios para contigo y para con los demás del género humano. ¡Gusanos comprados con la sangre del Hijo del Altísimo! ¡Polvo y ceniza redimidos con un precio muy superior a la plata y al oro! ¡Qué condenación habría sido la mía si no se hubiera hallado abundante redención! Cortar la cabeza al asno no era sino una pena momentánea, pero ¿quién medirá la ira que vendrá, a la cual no se le puede imaginar límite? Inestimablemente precioso es el glorioso Cordero que nos ha redimido de semejante condenación.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde