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14 de octubre

Mañana

Filipenses 3:8«reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor»

El conocimiento espiritual de Cristo será un conocimiento personal. No puedo conocer a Jesús mediante el trato que otra persona tenga con él. No: tengo que conocerlo yo mismo; tengo que conocerlo por mi propia cuenta. Será un conocimiento inteligente: tengo que conocerlo no como lo sueña el visionario, sino como lo revela la Palabra. Tengo que conocer sus naturalezas, la divina y la humana. Tengo que conocer sus oficios, sus atributos, sus obras, su vergüenza, su gloria. Tengo que meditar en él hasta «comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento». Será un conocimiento afectuoso de él; es más, si lo conozco siquiera, tengo que amarlo. Una onza de conocimiento del corazón vale lo que una tonelada de erudición de la cabeza. Nuestro conocimiento de él será un conocimiento que sacia. Cuando conozca a mi Salvador, mi mente estará llena hasta el borde: sentiré que tengo aquello tras lo cual jadeaba mi espíritu. «Este es aquel pan del cual, si un hombre come, nunca tendrá hambre». Al mismo tiempo será un conocimiento que enardece: cuanto más conozca a mi Amado, más querré conocer. Cuanto más alto trepe, más elevadas serán las cumbres que inviten mis pasos ansiosos. Querré más a medida que más obtenga. Como el tesoro del avaro, mi oro me hará codiciar más. Para concluir: este conocimiento de Cristo Jesús será sumamente dichoso; de hecho, tan elevador, que a veces me alzará por completo por encima de todas las pruebas, las dudas y las tristezas; y, mientras lo goce, hará de mí algo más que «El HOMBRE nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores», porque echará sobre mí la inmortalidad del Salvador que vive para siempre, y me ceñirá con el cinto de oro de su gozo eterno. Ven, alma mía, siéntate a los pies de Jesús y aprende de él todo este día.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Romanos 12:2«no os conforméis á este siglo»

Si un cristiano puede, siquiera por posibilidad, salvarse mientras se conforma a este mundo, en todo caso ha de ser «así como por fuego». Semejante salvación tan escasa es casi tan de temer como de desear. Lector, ¿querrías dejar este mundo en la oscuridad de un lecho de muerte abatido, y entrar en el cielo como trepa el marinero náufrago las rocas de su patria? Entonces sé mundano; mézclate con los mamonitas, y niégate a salir fuera del campamento llevando el vituperio de Cristo. Pero ¿querrías tener un cielo aquí abajo además de un cielo arriba? ¿Querrías comprender con todos los santos cuáles son las alturas y las profundidades, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento? ¿Querrías recibir una entrada abundante en el gozo de tu Señor? Entonces, «salid de en medio de ellos, y apartaos, y no toquéis lo inmundo». ¿Querrías alcanzar la plena certidumbre de fe? No puedes conseguirla mientras tengas comunión con los pecadores. ¿Querrías arder con amor vehemente? Tu amor se apagará con los aguaceros de la sociedad sin Dios. No puedes llegar a ser un gran cristiano: podrás ser un niño en la gracia, pero jamás podrás ser un varón perfecto en Cristo Jesús mientras te entregues a las máximas mundanas y a los modos de negociar de los hombres del mundo. Es cosa mala que un heredero del cielo sea gran amigo de los herederos del infierno. Queda mal cuando un cortesano intima demasiado con los enemigos de su rey. Hasta las inconsecuencias pequeñas son peligrosas. Las espinas pequeñas hacen ampollas grandes, las polillas pequeñas destruyen las vestiduras finas, y las frivolidades pequeñas y las pequeñas bellaquerías robarán a la religión mil gozos. ¡Oh, profesante, demasiado poco apartado de los pecadores: no sabes lo que pierdes por tu conformidad con el mundo! Eso corta los tendones de tu fuerza, y te hace arrastrarte donde deberías correr. Entonces, por amor de tu propio consuelo y por amor de tu crecimiento en la gracia, si eres cristiano, sé cristiano, y sé uno señalado y distinto.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde