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12 de octubre

Mañana

Salmos 119:15«En tus mandamientos meditaré»

Hay tiempos en que la soledad es mejor que la compañía, y el silencio es más sabio que el hablar. Seríamos mejores cristianos si estuviéramos más a solas, esperando en Dios y recogiendo, mediante la meditación en su Palabra, fuerza espiritual para el trabajo en su servicio. Debemos meditar en las cosas de Dios, porque así sacamos de ellas el verdadero nutrimento. La verdad es algo semejante al racimo de la vid: si queremos vino de él, hemos de magullarlo; hemos de prensarlo y exprimirlo muchas veces. Los pies del pisador han de caer gozosos sobre los racimos, o de lo contrario el jugo no fluirá; y han de pisar bien las uvas, o de lo contrario se desperdiciará mucho del líquido precioso. Así hemos de pisar, por la meditación, los racimos de la verdad, si queremos obtener de ellos el vino del consuelo. Nuestros cuerpos no se sustentan por el mero hecho de meter el alimento en la boca, sino que el proceso que de veras abastece el músculo, y el nervio, y el tendón, y el hueso, es el proceso de la digestión. Por la digestión el alimento exterior llega a asimilarse a la vida interior. Nuestras almas no se nutren meramente de escuchar un rato esto, y luego aquello, y luego la otra parte de la verdad divina. El oír, el leer, el notar y el aprender requieren todos una digestión interior para completar su utilidad, y la digestión interior de la verdad consiste en su mayor parte en meditar en ella. ¿Por qué algunos cristianos, aunque oyen muchos sermones, no hacen sino lentos progresos en la vida divina? Porque descuidan sus aposentos y no meditan con reflexión en la Palabra de Dios. Aman el trigo, pero no lo muelen; querrían el grano, pero no quieren salir a los campos a recogerlo; el fruto cuelga del árbol, pero no quieren arrancarlo; el agua fluye a sus pies, pero no quieren agacharse a beberla. De semejante necedad líbranos, oh Señor, y sea esta nuestra resolución esta mañana: «En tus mandamientos meditaré».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Juan 14:26«el Consolador, el Espíritu Santo»

Esta época es peculiarmente la dispensación del Espíritu Santo, en la cual Jesús nos alegra, no por su presencia personal, como lo hará más adelante, sino por la inhabitación y la permanencia constante del Espíritu Santo, que es siempre el Consolador de la iglesia. Oficio suyo es consolar los corazones del pueblo de Dios. Convence de pecado; ilumina e instruye; pero, con todo, la parte principal de su obra está en alegrar los corazones de los renovados, en confirmar a los débiles y en levantar a todos los que están abatidos. Esto lo hace revelándoles a Jesús. El Espíritu Santo consuela, pero Cristo es la consolación. Si podemos usar la figura, el Espíritu Santo es el Médico, pero Jesús es la medicina. Él sana la herida, pero lo hace aplicando el ungüento santo del nombre y de la gracia de Cristo. No toma de lo suyo, sino de las cosas de Cristo. Así, si damos al Espíritu Santo el nombre griego de Paraclete, como a veces hacemos, nuestro corazón confiere a nuestro bendito Señor Jesús el título de Paraclesis. Si el uno es el Consolador, el otro es el Consuelo. Ahora bien, con tan rica provisión para su necesidad, ¿por qué ha de estar el cristiano triste y desalentado? El Espíritu Santo se ha comprometido bondadosamente a ser tu Consolador: ¿imaginas, oh creyente débil y tembloroso, que descuidará su sagrado encargo? ¿Puedes suponer que ha emprendido lo que no puede o no quiere cumplir? Si su obra especial es fortalecerte y consolarte, ¿supones que ha olvidado su quehacer, o que fallará en el oficio amoroso que sostiene para contigo? No; no pienses tan duramente del Espíritu tierno y bendito cuyo nombre es «el Consolador». Se deleita en dar «óleo de gozo en lugar del luto» y «manto de alegría en lugar del espíritu angustiado». Confía tú en él, y ciertamente te consolará hasta que la casa del luto se cierre para siempre y haya comenzado el banquete de bodas.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde