‹ Devocional

28 de septiembre

Mañana

Salmos 33:13«Desde los cielos miró Jehová; vió á todos los hijos de los hombres»

Quizá ninguna figura de lenguaje representa a Dios bajo una luz más llena de gracia que cuando se habla de él inclinándose desde su trono y descendiendo del cielo para atender a las necesidades y contemplar las aflicciones del género humano. Lo amamos a él, que, cuando Sodoma y Gomorra estaban llenas de iniquidad, no quiso destruir aquellas ciudades hasta haberles hecho una visitación personal. No podemos menos de derramar nuestro corazón en afecto hacia nuestro Señor, que inclina su oído desde la gloria más alta y lo arrima al labio del pecador moribundo, cuyo corazón desfalleciente anhela la reconciliación. ¿Cómo no amarlo, cuando sabemos que cuenta los cabellos mismos de nuestra cabeza, marca nuestra senda y ordena nuestros caminos? De un modo especial se nos acerca al corazón esta gran verdad, cuando recordamos cuán atento está, no meramente a los intereses temporales de sus criaturas, sino a sus asuntos espirituales. Aunque medien leguas de distancia entre la criatura finita y el Creador infinito, con todo hay eslabones que unen a ambos. Cuando derramas una lágrima, no pienses que Dios no la mira; porque: «Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.» Tu suspiro puede mover el corazón de Jehová; tu susurro puede inclinar hacia ti su oído; tu oración puede detener su mano; tu fe puede mover su brazo. No pienses que Dios está sentado en lo alto sin hacer cuenta de ti. Acuérdate de que, por pobre y necesitado que seas, con todo el Señor piensa en ti. «Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar á los que tienen corazón perfecto para con él.»

¡Oh!, repite entonces la verdad que nunca cansa; no hay Dios como el Dios que mi alma desea; aquel a cuya voz tiembla el cielo, aun él, grande como es, sabe inclinarse hasta mí.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

1 Reyes 18:43«Vuelve siete veces.»

El éxito es cierto cuando el Señor lo ha prometido. Aunque hayas rogado mes tras mes sin evidencia de respuesta, no es posible que el Señor esté sordo cuando su pueblo es ferviente en un asunto que toca a su gloria. El profeta, en la cumbre del Carmelo, siguió forcejeando con Dios, y ni por un momento cedió al temor de que se le desechara la causa en los tribunales de Jehová. Seis veces volvió el criado, pero en cada ocasión ninguna palabra se pronunció sino «Vuelve otra vez». No hemos de soñar con la incredulidad, sino aferrarnos a nuestra fe hasta setenta veces siete. La fe envía a la esperanza expectante a mirar desde la cima del Carmelo, y si nada se divisa, la envía otra vez y otra vez. Lejos de quedar aplastada por el desengaño repetido, la fe se anima a suplicar con más fervor a su Dios. Queda humillada, pero no confundida: sus gemidos son más hondos, y sus suspiros más vehementes, pero nunca afloja el asimiento ni detiene la mano. Más agradable sería a la carne y a la sangre tener una respuesta pronta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas, y a hallar que es bueno aguardar al Señor tanto como esperar en él. Las respuestas demoradas a menudo ponen al corazón a escudriñarse a sí mismo, y así llevan a la contrición y a la reforma espiritual: así se descargan golpes de muerte contra nuestra corrupción, y quedan limpias las cámaras pintadas. El gran peligro es que los hombres desmayen y pierdan la bendición. Lector, no caigas en ese pecado, sino persevera en la oración y en la vigilancia. Al fin se vio la pequeña nube, precursora segura de torrentes de lluvia; y así también contigo: de cierto se te dará la señal para bien, y te levantarás como príncipe que prevalece, para gozar de la misericordia que has buscado. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras: su poder para con Dios no estaba en sus propios méritos. Si su oración creyente pudo tanto, ¿por qué no la tuya? Alega la sangre preciosa con importunidad incesante, y te será conforme a tu deseo.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde