25 de septiembre
Mañana
Romanos 3:26«el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús»Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios. La conciencia ya no acusa. El juicio ahora falla a favor del pecador, y no en contra de él. La memoria vuelve la vista a los pecados pasados, con profundo dolor por el pecado, pero sin temor alguno de pena venidera; porque Cristo ha pagado la deuda de su pueblo hasta la última jota y la última tilde, y se le ha entregado el recibo divino; y a menos que Dios pueda ser tan injusto como para exigir un pago doble por una sola deuda, ningún alma por la cual Jesús murió como sustituto puede ser jamás arrojada al infierno. Parece ser uno de los principios mismos de nuestra naturaleza iluminada creer que Dios es justo; sentimos que así ha de ser, y esto nos da al principio nuestro terror; pero ¿no es maravilloso que esta misma creencia de que Dios es justo se vuelva después la columna de nuestra confianza y de nuestra paz? Si Dios es justo, yo, pecador, solo y sin sustituto, he de ser castigado; pero Jesús está en mi lugar y es castigado por mí; y ahora, si Dios es justo, yo, pecador, estando en Cristo, nunca puedo ser castigado. Dios tendría que cambiar su naturaleza antes de que un alma, por la cual Jesús fue sustituto, pueda jamás, por posibilidad alguna, sufrir el azote de la ley. Por tanto, habiendo Jesús tomado el lugar del creyente, habiendo dado un equivalente pleno a la ira divina por todo lo que su pueblo debió haber padecido como resultado del pecado, el creyente puede clamar con triunfo glorioso: «¿Quién acusará á los escogidos de Dios?» No Dios, porque él ha justificado; no Cristo, porque él ha muerto, «más aún, el que también resucitó». Mi esperanza no vive porque yo no sea pecador, sino porque soy un pecador por quien Cristo murió; mi confianza no es que yo sea santo, sino que, siendo impío, él es mi justicia. Mi fe no descansa en lo que yo soy, o seré, o sienta, o sepa, sino en lo que Cristo es, en lo que él ha hecho, y en lo que ahora está haciendo por mí. Sobre el león de la justicia cabalga como reina la hermosa doncella de la esperanza.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
1 Corintios 1:30«el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría»El intelecto del hombre busca reposo, y por naturaleza lo busca aparte del Señor Jesucristo. Los hombres de instrucción propenden, aun cuando están convertidos, a mirar las sencilleces de la cruz de Cristo con un ojo demasiado poco reverente y amoroso. Quedan enredados en la vieja red en que fueron presos los griegos, y les queda el anhelo de mezclar la filosofía con la revelación. La tentación, para un hombre de pensamiento refinado y de alta instrucción, es apartarse de la verdad sencilla de Cristo crucificado, e inventar, como se dice, una doctrina más intelectual. Esto llevó a las iglesias cristianas primitivas al gnosticismo, y las hechizó con toda suerte de herejías. Esta es la raíz de la Neología, y de las otras cosas finas que en días pasados estuvieron tan de moda en Alemania, y que ahora son tan capaces de enredar a ciertas clases de teólogos. Quienquiera que seas, buen lector, y cualquiera que sea tu instrucción, si eres del Señor, ten por seguro que no hallarás reposo filosofando en la teología. Podrás recibir este dogma de un gran pensador, o aquel sueño de otro razonador profundo, pero lo que la paja es al trigo, eso serán estas cosas para la pura palabra de Dios. Todo lo que la razón, cuando está mejor guiada, puede descubrir no es sino el abecé de la verdad, y aun eso carece de certeza, mientras que en Cristo Jesús está atesorada toda la plenitud de la sabiduría y del conocimiento. Todo intento de los cristianos por contentarse con sistemas tales como los que aprobarían los pensadores unitarios y los de la Iglesia ancha ha de fracasar; los verdaderos herederos del cielo han de volver a la realidad grandiosamente sencilla que hace centellear de gozo el ojo del mozo del arado, y alegra el corazón del indigente piadoso: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores». Jesús satisface al intelecto más elevado cuando es recibido con fe; pero, aparte de él, la mente del regenerado no descubre reposo. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.» «Buen entendimiento tienen cuantos ponen aquéllos por obra.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde