23 de septiembre
Mañana
Efesios 1:6«nos hizo aceptos en el Amado»¡Qué estado de privilegio! Abarca nuestra justificación delante de Dios, pero el término «aceptación», en el griego, significa más que eso. Significa que somos objeto de la complacencia divina; más aún, del deleite divino. ¡Qué maravilla que nosotros, gusanos, mortales, pecadores, seamos objeto del amor divino! Pero es solo «en el Amado». Algunos cristianos parecen ser aceptos en su propia experiencia; al menos, así lo entienden ellos. Cuando su espíritu está vivaz y sus esperanzas, brillantes, piensan que Dios los acepta, porque se sienten tan elevados, tan celestiales en su sentir, ¡tan atraídos por encima de la tierra! Pero cuando sus almas se pegan al polvo, son víctimas del temor de que ya no son aceptos. Si pudieran ver tan solo que todos sus gozos de lo alto no los exaltan, y que todos sus desalientos de lo bajo no los abaten de veras a los ojos de su Padre, sino que permanecen aceptos en Uno que nunca cambia, en Uno que es siempre el amado de Dios, siempre perfecto, siempre sin mancha ni arruga, ni cosa semejante, ¡cuánto más felices serían, y cuánto más honrarían al Salvador! Regocíjate, pues, creyente, en esto: eres acepto «en el Amado». Miras adentro, y dices: «¡Aquí no hay nada aceptable!» Pero mira a Cristo, y ve si no está allí todo lo aceptable. Tus pecados te turban; pero Dios ha echado tus pecados tras sus espaldas, y eres acepto en el Justo. Has de pelear con la corrupción, y forcejear con la tentación, pero ya eres acepto en aquel que ha vencido los poderes del mal. El diablo te tienta; ten buen ánimo: no puede destruirte, porque eres acepto en aquel que ha quebrantado la cabeza de Satanás. Conoce, con plena certeza, tu gloriosa posición. Ni aun las almas glorificadas son más aceptas que tú. Ellas solo son aceptas en el cielo «en el Amado», y tú eres acepto ahora mismo en Cristo de la misma manera.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Marcos 9:23«Y Jesús le dijo: Si puedes creer»Cierto hombre tenía un hijo endemoniado, afligido de un espíritu mudo. El padre, habiendo visto la inutilidad de los esfuerzos de los discípulos por sanar a su hijo, tenía poca o ninguna fe en Cristo y, por eso, cuando se le mandó que trajera a su hijo a él, dijo a Jesús: «si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.» Había, pues, un «si» en la pregunta, pero el pobre padre tembloroso había puesto el «si» en el lugar equivocado: Jesucristo, por tanto, sin mandarle que retirara el «si», con bondad lo pone en su lugar legítimo. «No, en verdad», parecía decir, «no ha de haber ningún si acerca de mi poder, ni tocante a mi disposición; el si está en otra parte.» «Si puedes creer, al que cree todo es posible.» La confianza del hombre fue fortalecida; ofreció una humilde oración por un aumento de fe, y al instante Jesús dijo la palabra, y el demonio fue echado fuera, con la orden de no volver jamás. Hay aquí una lección que necesitamos aprender. Nosotros, como este hombre, vemos a menudo que hay un «si» en alguna parte, pero erramos sin cesar al ponerlo en el lugar equivocado. ¿«Si» Jesús puede socorrerme? ¿«Si» puede darme gracia para vencer la tentación? ¿«Si» puede darme perdón? ¿«Si» puede darme éxito? No: «si» tú puedes creer, él puede y quiere. Has puesto mal tu «si». Si puedes confiar con entera confianza, así como todas las cosas son posibles para Cristo, así todas las cosas te serán posibles. La fe se afirma en el poder de Dios, y está vestida de la majestad de Dios; lleva el vestido real, y cabalga en el caballo del Rey, porque es la gracia a la cual el Rey desea hacer honra. Ciñéndose del poder glorioso del Espíritu que todo lo obra, llega a ser, en la omnipotencia de Dios, poderosa para hacer, para osar y para padecer. Todas las cosas, sin límite, son posibles al que cree. Alma mía, ¿puedes creer a tu Señor esta noche?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde