17 de septiembre
Mañana
Marcos 9:19«Traédmele.»Sin esperanza, el pobre padre decepcionado se apartó de los discípulos para volverse a su Maestro. Su hijo estaba en la peor condición posible, y todos los medios habían fracasado; pero el niño miserable fue pronto librado del maligno cuando el padre, con fe, obedeció la palabra del Señor Jesús: «Traédmele.» Los hijos son un don precioso de Dios, pero con ellos viene mucha ansiedad. Pueden ser un gran gozo o una gran amargura para sus padres; pueden estar llenos del Espíritu de Dios, o poseídos del espíritu del mal. En todos los casos, la Palabra de Dios nos da una sola receta para la cura de todos sus males: «Traédmele.» ¡Ojalá hubiera más oración agonizante en favor de ellos mientras aún son pequeñuelos! El pecado está allí: que nuestras oraciones comiencen a atacarlo. Nuestros clamores por nuestra descendencia deben preceder a aquellos clamores que anuncian su entrada real en un mundo de pecado. En los días de su juventud veremos tristes señales de aquel espíritu mudo y sordo, que ni ora como es debido ni oye la voz de Dios en el alma; pero Jesús todavía manda: «Traédmelos.» Cuando hayan crecido, pueden revolcarse en el pecado y echar espuma de enemistad contra Dios; entonces, cuando el corazón se nos esté rompiendo, debemos recordar las palabras del gran Médico: «Traédmelos.» Nunca hemos de cesar de orar hasta que ellos cesen de respirar. Ningún caso es desesperado mientras Jesús vive.
El Señor a veces permite que su pueblo sea arrinconado, para que conozca por experiencia cuán necesario les es él. Los hijos impíos, cuando nos muestran nuestra propia impotencia contra la depravación de su corazón, nos empujan a huir al Fuerte en busca de fuerza, y esto es para nosotros una gran bendición. Sea cual fuere la necesidad de nuestra mañana, que ella, como una corriente poderosa, nos lleve al océano del amor divino. Jesús puede quitar pronto nuestra tristeza; se deleita en consolarnos. Apresurémonos a él mientras espera para encontrarnos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Deuteronomio 1:38«anímale»Dios emplea a su pueblo para que se animen unos a otros. No dijo a un ángel: «Gabriel, mi siervo Josué está a punto de conducir a mi pueblo a Canaán: ve, anímalo.» Dios nunca obra milagros innecesarios; si sus propósitos pueden cumplirse por medios ordinarios, no usará una agencia milagrosa. Gabriel no habría sido ni la mitad de idóneo para la obra que Moisés. La simpatía de un hermano es más preciosa que la embajada de un ángel. El ángel, veloz de ala, habría conocido mejor el mandato del Amo que el temple del pueblo. Un ángel nunca había experimentado la dureza del camino, ni había visto las serpientes ardientes, ni había conducido por el desierto a la multitud de dura cerviz, como lo había hecho Moisés. Debemos alegrarnos de que Dios obre de ordinario para el hombre por medio del hombre. Ello forma un vínculo de hermandad y, al depender mutuamente unos de otros, quedamos fundidos de modo más completo en una sola familia. Hermanos, tomen el texto como mensaje de Dios para ustedes. Trabajen para ayudar a otros, y esfuércense en especial por animarlos. Hablen con ánimo alegre al joven que inquiere con ansiedad; procuren, con amor, quitar de su camino las piedras de tropiezo. Cuando hallen una chispa de gracia en el corazón, arrodíllense y sóplenla hasta hacerla llama. Dejen que el joven creyente descubra poco a poco la aspereza del camino, pero háblenle de la fuerza que mora en Dios, de la certeza de la promesa y de los encantos de la comunión con Cristo. Propónganse consolar al afligido y animar al desalentado. Hablen en sazón palabra al cansado, y animen a los temerosos a seguir su camino con alegría. Dios los anima por sus promesas; Cristo los anima al señalarles el cielo que ha ganado para ustedes, y el Espíritu los anima a ustedes al obrar en ustedes el querer y el hacer, por su propia voluntad y beneplácito. Imiten la sabiduría divina, y animen a otros, conforme a la palabra de esta tarde.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde