13 de septiembre
Mañana
Salmos 84:6«Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques.»Esto nos enseña que el consuelo que obtiene uno puede a menudo resultar útil a otro, así como los pozos serían usados por la compañía que viniera después. Leemos algún libro lleno de consolación, que es como la vara de Jonathán, goteando miel. ¡Ah! pensamos que nuestro hermano ha estado aquí antes que nosotros, y que cavó este pozo para nosotros tanto como para sí. Más de una «Noche de llanto», unas «Armonías de medianoche», un «Día eterno», «Un revés en la suerte», un «Consuelo para los que lloran»: cada cual ha sido un pozo cavado por un peregrino para sí mismo, pero ha resultado igual de útil para otros. En especial lo notamos en los Salmos, como en aquel que comienza: «¿Por qué te abates, oh alma mía?» A los viajeros les ha deleitado ver la huella del hombre en una playa estéril, y a nosotros nos encanta ver las señales del camino de los peregrinos al pasar por el valle de lágrimas.
Los peregrinos cavan el pozo, pero, cosa bastante extraña, se llena desde arriba y no desde el fondo. Usamos los medios, pero la bendición no brota de los medios. Cavamos un pozo, pero el cielo lo llena de lluvia. «El caballo se apareja para el día de la batalla: mas de Jehová es el salvar.» Los medios están ligados al fin, pero no lo producen por sí mismos. Mira: aquí la lluvia llena los estanques, de modo que los pozos vienen a ser útiles como depósitos del agua; el trabajo no se pierde, pero, con todo, no sustituye al auxilio divino.
Bien puede compararse la gracia con la lluvia: por su pureza, por su influjo que refresca y vivifica, por venir únicamente de arriba, y por la soberanía con que se da o se retiene. ¡Tengan nuestros lectores lluvias de bendición, y llénense de agua los pozos que han cavado! ¡Oh, qué son los medios y las ordenanzas sin la sonrisa del cielo! Son como nubes sin lluvia, y estanques sin agua. ¡Oh Dios de amor, abre las ventanas de los cielos y vacía sobre nosotros bendición!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Lucas 15:2«Este á los pecadores recibe»Observa la condescendencia de este hecho. Este Hombre, que se eleva por encima de todos los demás hombres, santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores: «Este á los pecadores recibe.» Este Hombre, que no es otro que el Dios eterno, ante quien los ángeles cubren sus rostros: «Este á los pecadores recibe.» Hace falta lengua de ángel para describir tan poderoso abajamiento de amor. Que cualquiera de nosotros esté dispuesto a buscar a los perdidos no es nada maravilloso: son de nuestra propia raza; pero que él, el Dios ofendido, contra quien se ha cometido la transgresión, tomara sobre sí forma de siervo, y llevara el pecado de muchos, y estuviera luego dispuesto a recibir a los más viles de entre los viles: esto es maravilloso.
«Este á los pecadores recibe»; no, sin embargo, para que permanezcan pecadores, sino que los recibe para perdonar sus pecados, justificar sus personas, limpiar sus corazones con su palabra purificadora, preservar sus almas por la inhabitación del Espíritu Santo, y capacitarlos para servirle, para manifestar su alabanza y para tener comunión con él. Recibe a los pecadores en el amor de su corazón, los toma del estiércol y los lleva como joyas en su corona; los arrebata como tizones del incendio, y los conserva como monumentos costosos de su misericordia. Nadie es tan precioso a los ojos de Jesús como los pecadores por quienes murió. Cuando Jesús recibe a los pecadores, no tiene un lugar de recibimiento a la puerta de afuera, ni una sala de paso donde los hospede por caridad, como hacen los hombres con los mendigos que van de camino, sino que abre las puertas de oro de su corazón real, y recibe al pecador hasta dentro de sí mismo; sí, admite al penitente humilde a la unión personal, y lo hace miembro de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. ¡Nunca hubo recibimiento semejante! Este hecho sigue siendo certísimo esta tarde: él sigue recibiendo pecadores. ¡Quisiera Dios que los pecadores lo recibieran a él!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde