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10 de septiembre

Mañana

Marcos 3:13«Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él.»

Aquí hubo soberanía. Los espíritus impacientes pueden irritarse y enfurecerse, porque no son llamados a los puestos más altos del ministerio; pero tú, lector, gózate de que Jesús llama a quien él quiere. Si él me deja ser portero en su casa, lo bendeciré con alegría por su gracia al permitirme hacer cualquier cosa en su servicio. El llamamiento de los siervos de Cristo viene de lo alto. Jesús está en el monte, siempre por encima del mundo en santidad, fervor, amor y poder. Los que él llama han de subir el monte hasta él; han de procurar elevarse a su nivel viviendo en comunión constante con él. Puede que no puedan remontarse a los honores clásicos, ni alcanzar eminencia escolástica, pero han de subir, como Moisés, al monte de Dios y tener trato familiar con el Dios invisible, o nunca serán aptos para proclamar el evangelio de paz. Jesús se apartó para tener alta comunión con el Padre, y nosotros hemos de entrar en la misma compañía divina si hemos de bendecir a nuestros prójimos. No es de extrañar que los apóstoles bajaran revestidos de poder, frescos del monte donde estaba Jesús. Esta mañana hemos de procurar ascender al monte de la comunión, para que allí seamos ordenados para la obra de la vida a la cual estamos apartados. No veamos hoy rostro de hombre hasta que hayamos visto a Jesús. El tiempo pasado con él queda puesto a un interés bienaventurado. También nosotros echaremos fuera demonios y haremos maravillas, si bajamos al mundo ceñidos de esa energía divina que solo Cristo puede dar. De nada sirve ir a la batalla del Señor hasta que estemos armados con armas celestiales. A Jesús hemos de verlo; esto es esencial. Ante el propiciatorio nos detendremos hasta que se manifieste a nosotros como no se manifiesta al mundo, y hasta que podamos decir con verdad: «estábamos juntamente con él en el monte santo.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Habacuc 1:8«lobos de tarde»

Mientras preparaba el presente volumen, esta expresión en particular se me repetía con tanta frecuencia, que, para librarme de su importunidad constante, determiné dedicarle una página. El lobo de tarde, enfurecido por un día de hambre, era más feroz y más voraz de lo que habría sido por la mañana. ¿No podría la criatura furiosa representar nuestras dudas y nuestros temores después de un día de distracción del ánimo, de pérdidas en los negocios y, quizá, de escarnios poco generosos de nuestros prójimos? ¡Cómo aúllan nuestros pensamientos en nuestros oídos: «¿Dónde está tu Dios?»! ¡Qué voraces y codiciosos son, tragándose todas las sugerencias de consuelo, y quedándose tan hambrientos como antes! Gran Pastor, mata estos lobos de tarde, y manda que tus ovejas se echen en verdes pastos, sin que las turbe la incredulidad insaciable. ¡Cuán semejantes son los demonios del infierno a los lobos de tarde!, pues cuando el rebaño de Cristo está en el día del nublado y de la oscuridad, y su sol parece ponerse, se apresuran a desgarrar y a devorar. Apenas atacarán al cristiano en la claridad del día de la fe, pero en la penumbra del conflicto del alma caen sobre él. Oh tú, que pusiste tu vida por las ovejas, presérvalas de los colmillos del lobo.

Los falsos maestros que con astucia y con afán cazan la vida preciosa, devorando a los hombres con sus falsedades, son tan peligrosos y tan detestables como los lobos de tarde. La oscuridad es su elemento, el engaño es su carácter, la destrucción es su fin. Corremos el mayor peligro de parte de ellos cuando visten la piel de la oveja. Bienaventurado el que es guardado de ellos, porque miles son hechos presa de lobos rapaces que entran dentro del redil de la iglesia.

¡Qué maravilla de la gracia es cuando se convierten fieros perseguidores, pues entonces «morará el lobo con el cordero», y hombres de disposiciones crueles e ingobernables se vuelven mansos y enseñables! Oh Señor, convierte a muchos así, porque por tales oraremos esta noche.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde