9 de septiembre
Mañana
Jeremías 33:3«te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.»Hay distintas traducciones de estas palabras. Una versión las vierte: «Te mostraré cosas grandes y fortificadas.» Otra: «Cosas grandes y reservadas.» Ahora bien, hay cosas reservadas y especiales en la experiencia cristiana: no todos los desarrollos de la vida espiritual son igualmente fáciles de alcanzar. Están los estados y sentimientos comunes del arrepentimiento, de la fe, del gozo y de la esperanza, de los cuales goza la familia entera; pero hay un reino superior de arrobamiento, de comunión y de unión consciente con Cristo, que dista mucho de ser la morada común de los creyentes. No todos tenemos el alto privilegio de Juan, de recostarse en el seno de Jesús; ni el de Pablo, de ser arrebatado hasta el tercer cielo. Hay alturas en el conocimiento experimental de las cosas de Dios que el ojo de águila de la agudeza y del pensamiento filosófico nunca ha visto: solo Dios puede llevarnos allá; pero el carro en que nos sube, y los corceles de fuego con que ese carro es arrastrado, son las oraciones que prevalecen. La oración que prevalece es victoriosa sobre el Dios de misericordia: «con su fortaleza venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y rogóle: en Beth-el le halló, y allí habló con nosotros.» La oración que prevalece lleva al cristiano al Carmelo, y lo capacita para cubrir el cielo con nubes de bendición, y la tierra con diluvios de misericordia. La oración que prevalece remonta al cristiano hasta Pisga, y le muestra la herencia reservada; nos eleva al Tabor y nos transfigura, hasta que, a semejanza de su Señor, «como él es, así somos nosotros en este mundo». Si quieres alcanzar algo más alto que la experiencia ordinaria y rastrera, mira a la Roca que es más alta que tú, y contempla con el ojo de la fe a través de la ventana de la oración importuna. Cuando abras la ventana de tu lado, del otro no estará echado el cerrojo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Apocalipsis 4:4«Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas»De estos representantes de los santos en el cielo se dice que están alrededor del trono. En el pasaje de los Cantares, donde Salomón canta del Rey sentado a su mesa, algunos lo vierten «una mesa redonda». De aquí algunos expositores, creo que sin forzar el texto, han dicho: «Hay una igualdad entre los santos.» Esa idea la transmite la igual cercanía de los veinticuatro ancianos. La condición de los espíritus glorificados en el cielo es la de cercanía a Cristo, visión clara de su gloria, acceso constante a su corte y comunión familiar con su persona; ni hay diferencia alguna a este respecto entre un santo y otro, sino que todo el pueblo de Dios —apóstoles, mártires, ministros, o cristianos particulares y oscuros— se sentará cerca del trono, donde contemplarán para siempre a su Señor exaltado, y quedarán satisfechos de su amor. Todos estarán cerca de Cristo, todos arrebatados de su amor, todos comiendo y bebiendo a la misma mesa con él, todos igualmente amados como sus favoritos y amigos, aunque no todos igualmente recompensados como siervos.
Imiten los creyentes en la tierra a los santos en el cielo en su cercanía a Cristo. Seamos en la tierra como son los ancianos en el cielo, sentados alrededor del trono. Sea Cristo el objeto de nuestros pensamientos, el centro de nuestras vidas. ¿Cómo podemos soportar vivir a tanta distancia de nuestro Amado? Señor Jesús, atráenos más cerca de ti mismo. Dinos: «Estad en mí, y yo en vosotros»; y permítenos cantar: «Su izquierda [esté] debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.»
Oh, levántame más alto, más cerca de ti, y al subir más puro y más apto, oh, deja que la humildad de mi alma me haga yacer más bajo a tus pies; cuanto menos confío en mí, más experimento el bendito consuelo de tu amor.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde