3 de septiembre
Mañana
Cantares 1:7«tú á quien ama mi alma»Bueno es poder decir del Señor Jesús, sin ningún «si» ni ningún «pero»: «tú á quien ama mi alma». Muchos solo pueden decir de Jesús que tienen la esperanza de amarlo; que confían en que lo aman; pero solo una experiencia pobre y superficial se contentará con quedarse aquí. Nadie debe dar reposo alguno a su espíritu hasta sentirse del todo seguro acerca de un asunto de importancia tan vital. No debemos contentarnos con una esperanza superficial de que Jesús nos ama, ni con una confianza desnuda de que nosotros lo amamos. Los santos antiguos no hablaban, por lo general, con «peros», ni «si», ni «esperanzas», ni «confianzas», sino que hablaban de modo positivo y claro. «Yo sé á quien he creído», dice Pablo. «Yo sé que mi Redentor vive», dice Job. Adquiere conocimiento positivo de tu amor a Jesús, y no te des por satisfecho hasta que puedas hablar de tu parte en él como de una realidad que has asegurado al recibir el testimonio del Espíritu Santo, y su sello sobre tu alma por la fe.
El verdadero amor a Cristo es, en todo caso, obra del Espíritu Santo, y ha de ser obrado por él en el corazón. Él es la causa eficiente de ese amor; pero la razón lógica por la cual amamos a Jesús reside en él mismo. ¿Por qué amamos a Jesús? Porque «él nos amó primero». ¿Por qué amamos a Jesús? Porque «se dió á sí mismo por nosotros». Tenemos vida por su muerte; tenemos paz por su sangre. Aunque era rico, por amor de nosotros se hizo pobre. ¿Por qué amamos a Jesús? Por la excelencia de su persona. ¡Estamos llenos de un sentido de su hermosura! ¡De una admiración de sus encantos! ¡De una conciencia de su infinita perfección! Su grandeza, su bondad y su amabilidad, en un solo rayo resplandeciente, se combinan para hechizar el alma hasta que queda tan arrebatada que exclama: «y todo él codiciable». ¡Bendito amor este: un amor que ata el corazón con cadenas más suaves que la seda y, con todo, más firmes que el adamante!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 11:5«Jehová prueba al justo»Todos los acontecimientos están bajo el control de la Providencia; por consiguiente, todas las pruebas de nuestra vida exterior se pueden rastrear de inmediato hasta la gran Causa Primera. Por la puerta de oro de la ordenanza de Dios salen en orden de batalla los ejércitos de la prueba, vestidos de su armadura de hierro y armados con armas de guerra. Todas las providencias son puertas hacia la prueba. Aun nuestras misericordias, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden ahogarse en mares de prosperidad tanto como en ríos de aflicción. Nuestros montes no son demasiado altos, ni nuestros valles demasiado bajos, para las tentaciones: las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos asediados y rodeados de peligros. Con todo, ningún aguacero cae sin permiso desde la nube amenazante; cada gota tiene su orden antes de apresurarse hacia la tierra. Las pruebas que vienen de Dios son enviadas para probar y fortalecer nuestras gracias, y así, a un mismo tiempo, para ilustrar el poder de la gracia divina, para examinar lo genuino de nuestras virtudes y para añadir a su energía. Nuestro Señor, en su infinita sabiduría y su amor sobreabundante, estima en tanto la fe de su pueblo que no lo escudará de aquellas pruebas por las cuales la fe se fortalece. Nunca habrías poseído la fe preciosa que ahora te sostiene si la prueba de tu fe no hubiera sido semejante al fuego. Eres un árbol que nunca habría arraigado tan bien si el viento no te hubiera mecido de un lado a otro y no te hubiera hecho asirte con firmeza de las preciosas verdades de la gracia del pacto. La comodidad mundana es una gran enemiga de la fe; afloja las coyunturas del santo valor y rompe los tendones del sagrado denuedo. El globo nunca se eleva hasta que se cortan las cuerdas; la aflicción hace este servicio tajante en favor de las almas creyentes. Mientras el trigo duerme a gusto en la cáscara, es inútil para el hombre; ha de ser trillado fuera de su lugar de reposo antes de que pueda conocerse su valor. Así, bueno es que Jehová pruebe al justo, pues ello hace que se enriquezcan para con Dios.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde