‹ Devocional

1 de septiembre

Mañana

Salmos 73:24«Hasme guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.»

El salmista sentía su necesidad de la guía divina. Acababa de descubrir la necedad de su propio corazón y, no fuera que este lo extraviara de continuo, resolvió que en adelante lo guiara el consejo de Dios. El sentido de nuestra propia necedad es un gran paso hacia ser sabios, cuando nos lleva a apoyarnos en la sabiduría del Señor. El ciego se apoya en el brazo de su amigo y llega a casa a salvo; y así quisiéramos entregarnos sin reservas a la guía divina, sin dudar en nada, seguros de que, aunque no podemos ver, siempre es seguro confiar en el Dios que todo lo ve. «Tú guiarás» [N. del T.: la RV1909 vierte «Hasme guiado»; Spurgeon predica el futuro de la versión inglesa.] es una expresión bendita de confianza. Estaba seguro de que el Señor no rehusaría la tarea condescendiente. Hay una palabra para ti, oh creyente; reposa en ella. Ten por seguro que tu Dios será tu consejero y tu amigo; él te guiará; él dirigirá todos tus caminos. En su Palabra escrita tienes esta seguridad cumplida en parte, porque la santa Escritura es su consejo para ti. ¡Felices nosotros, que tenemos siempre la Palabra de Dios para guiarnos! ¿Qué sería del marinero sin su brújula? ¿Y qué sería del cristiano sin la Biblia? Esta es la carta que no yerra, el mapa en que está descrito cada bajío, y todos los canales, desde las arenas movedizas de la perdición hasta el puerto de la salvación, trazados y marcados por quien conoce todo el camino. ¡Bendito seas tú, oh Dios, porque podemos confiar en que nos guíes ahora, y que nos guíes aun hasta el fin! Después de esta guía a lo largo de la vida, el salmista anticipa al fin una recepción divina: «y después me recibirás en gloria». ¡Qué pensamiento para ti, creyente! Dios mismo te recibirá a ti en gloria: ¡a ti! Errante, descarriado, extraviado, y con todo te traerá a salvo al fin a la gloria. Esta es tu porción; vive de ella en este día, y si las perplejidades llegaran a rodearte, ve, en la fuerza de este texto, derecho al trono.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 62:8«Esperad en él en todo tiempo»

La fe es tanto la regla de la vida temporal como de la espiritual; debemos tener fe en Dios para nuestros asuntos terrenales tanto como para nuestro negocio celestial. Solo en la medida en que aprendemos a confiar en Dios para el suministro de toda nuestra necesidad diaria viviremos por encima del mundo. No hemos de estar ociosos: eso mostraría que no confiamos en Dios, que hasta ahora obra, sino en el diablo, que es el padre de la ociosidad. No hemos de ser imprudentes ni temerarios: eso sería confiar en el azar, y no en el Dios vivo, que es un Dios de economía y de orden. Obrando con toda prudencia y rectitud, hemos de apoyarnos simple y enteramente en el Señor en todo tiempo.

Permíteme recomendarte una vida de confianza en Dios en las cosas temporales. Confiando en Dios, no te verás obligado a llorar por haber usado medios pecaminosos para enriquecerte. Sirve a Dios con integridad, y si no alcanzas éxito alguno, al menos ningún pecado quedará sobre tu conciencia. Confiando en Dios, no serás culpable de contradecirte a ti mismo. El que confía en la astucia navega hoy por este rumbo y mañana por aquel, como un barco zarandeado por el viento veleidoso; pero el que confía en el Señor es como un barco movido a vapor: hiende las olas, desafía el viento y deja una sola estela brillante y plateada, en línea recta, hasta su puerto destinado. Sé tú un hombre con principios vivos por dentro; no te inclines jamás ante las costumbres mudables de la sabiduría mundana. Anda por tu senda de integridad con paso firme, y muestra que eres invenciblemente fuerte en la fuerza que solo la confianza en Dios puede conferir. Así serás librado del cuidado ansioso; no te turbarán las malas nuevas; tu corazón estará firme, confiando en el Señor. ¡Qué agradable es flotar siguiendo la corriente de la providencia! No hay modo de vivir más bienaventurado que una vida de dependencia de un Dios que guarda el pacto. No tenemos cuidado, porque él tiene cuidado de nosotros; no tenemos congojas, porque echamos nuestras cargas sobre el Señor.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde