‹ Devocional

31 de agosto

Mañana

Isaías 51:5«en mi brazo pondrán su esperanza»

En temporadas de prueba severa, el cristiano no tiene nada sobre la tierra en que pueda confiar, y por eso se ve obligado a arrojarse sobre su Dios solamente. Cuando su nave está tumbada de costado, y ninguna liberación humana puede valer, ha de confiarse de modo sencillo y entero a la providencia y al cuidado de Dios. ¡Feliz la tormenta que hace naufragar a un hombre sobre una roca como esta! ¡Oh, huracán bendito el que empuja al alma hacia Dios, y solo hacia Dios! A veces no hay modo de llegar a nuestro Dios a causa de la multitud de nuestros amigos; pero cuando un hombre es tan pobre, tan falto de amigos, tan desvalido que no tiene otro lugar adonde volverse, vuela a los brazos de su Padre, ¡y allí es estrechado de modo bendito! Cuando está cargado de aflicciones tan apremiantes y tan peculiares que no puede contarlas a nadie sino a su Dios, puede dar gracias por ellas; porque entonces aprenderá de su Señor más que en cualquier otro tiempo. ¡Oh, creyente azotado por la tempestad, dichosa la aflicción que te empuja hacia tu Padre! Ahora que no tienes sino a tu Dios en quien confiar, mira que pongas en él toda tu confianza. No deshonres a tu Señor y Maestro con dudas y temores indignos; antes sé fuerte en la fe, dando gloria a Dios. Muestra al mundo que tu Dios vale para ti diez mil mundos. Muestra a los ricos cuán rico eres en tu pobreza cuando el Señor Dios es tu ayudador. Muestra al hombre fuerte cuán fuerte eres en tu debilidad cuando debajo de ti están los brazos eternos. Ahora es el tiempo de las hazañas de la fe y de las proezas valientes. Sé fuerte y muy valiente, y el Señor tu Dios ciertamente, tan seguro como que edificó los cielos y la tierra, se glorificará en tu debilidad, y engrandecerá su poder en medio de tu angustia. La grandeza del arco del cielo se echaría a perder si el cielo se sostuviera en una sola columna visible, y tu fe perdería su gloria si descansara sobre algo discernible por el ojo carnal. Que el Espíritu Santo te conceda reposar en Jesús en este día que cierra el mes.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

1 Juan 1:7«si andamos en luz, como él está en luz»

¡Como él está en la luz! ¿Podremos alguna vez alcanzar esto? ¿Llegaremos alguna vez a andar tan claramente en la luz como está aquel a quien llamamos «Padre nuestro», de quien está escrito: «Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas»? Ciertamente, este es el modelo que se nos pone delante, porque el Salvador mismo dijo: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto»; y aunque sintamos que nunca podremos igualar la perfección de Dios, con todo hemos de buscarla, y no quedar satisfechos jamás hasta alcanzarla. El artista joven, al empuñar el lápiz de sus primeros trazos, apenas puede esperar igualar a Rafael o a Miguel Ángel; pero, aun así, si no tuviera ante la mente un noble ideal, solo alcanzaría algo muy bajo y ordinario. Pero ¿qué se quiere decir con la expresión de que el cristiano ha de andar en luz como Dios está en la luz? Lo entendemos como semejanza, pero no como grado. Estamos tan verdaderamente en la luz, estamos tan de corazón en la luz, estamos tan sinceramente en la luz, tan honradamente en la luz, aunque no podamos estar allí en la misma medida. No puedo morar en el sol: es lugar demasiado brillante para mi morada; pero puedo andar en la luz del sol; y así, aunque no pueda alcanzar aquella perfección de pureza y de verdad que pertenece por naturaleza al Señor de los ejércitos, como el infinitamente bueno, con todo puedo poner siempre al Señor delante de mí, y esforzarme, con la ayuda del Espíritu que mora en mí, por la conformidad a su imagen. Aquel famoso comentarista antiguo, John Trapp, dice: «Podemos estar en la luz como Dios está en la luz en cuanto a la cualidad, pero no en cuanto a la igualdad». Hemos de tener la misma luz, y hemos de tenerla y andar en ella tan verdaderamente como Dios, aunque, en cuanto a la igualdad con Dios en su santidad y su pureza, eso ha de dejarse hasta que crucemos el Jordán y entremos en la perfección del Altísimo. Advierte que las bendiciones de la comunión sagrada y de la limpieza perfecta están ligadas al andar en la luz.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde