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29 de agosto

Mañana

Salmos 51:1«TEN piedad de mí, oh Dios»

Cuando el doctor Carey padecía una enfermedad peligrosa, se le hizo esta pregunta: «Si esta enfermedad resultara mortal, ¿qué pasaje escogerías como texto para el sermón de tu funeral?». Él respondió: «Oh, siento que una criatura tan pobre y pecadora es indigna de que se diga cosa alguna acerca de ella; pero si ha de predicarse un sermón fúnebre, que sea sobre las palabras: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.”». Con el mismo espíritu de humildad dispuso en su testamento que se grabara en su lápida la inscripción siguiente, y nada más:

William Carey, nacido el 17 de agosto de 1761; murió — — «Un gusano mísero, pobre e indefenso, en tus bondadosos brazos caigo.»

Solo sobre el fundamento de la gracia gratuita pueden los más experimentados y los más honrados de los santos acercarse a su Dios. Los mejores de los hombres tienen conciencia, más que todos los demás, de que en el mejor de los casos no son sino hombres. Las barcas vacías flotan alto, pero las naves muy cargadas van bajas en el agua; los meros profesantes pueden jactarse, pero los verdaderos hijos de Dios claman por misericordia a causa de su inutilidad. Tenemos necesidad de que el Señor tenga misericordia de nuestras buenas obras, de nuestras oraciones, de nuestras predicaciones, de nuestras limosnas y de nuestras cosas más santas. La sangre no fue rociada solamente sobre los postes de las puertas de las casas de habitación de Israel, sino sobre el santuario, el propiciatorio y el altar, porque, así como el pecado se entromete en nuestras cosas más santas, se necesita la sangre de Jesús para purificarlas de la contaminación. Si es preciso que la misericordia se ejerza para con nuestros deberes, ¿qué se dirá de nuestros pecados? ¡Cuán dulce es el recuerdo de que una misericordia inagotable espera para sernos propicia, para restaurar nuestros extravíos y hacer que se regocijen nuestros huesos quebrantados!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Números 6:4«Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá»

Los nazareos habían tomado, entre otros votos, uno que les vedaba el uso del vino. A fin de que no violaran la obligación, les estaba prohibido beber el vinagre del vino o de los licores fuertes y, para dejar la regla todavía más clara, no debían tocar el jugo no fermentado de las uvas, ni siquiera comer el fruto, ni fresco ni seco. Para asegurar por completo la integridad del voto, no se les permitía siquiera nada que tuviera que ver con la vid; debían, de hecho, evitar la apariencia del mal. Ciertamente esto es una lección para los separados del Señor, que les enseña a apartarse del pecado en toda forma, a evitar no meramente sus figuras más groseras, sino aun su espíritu y su semejanza. El andar estricto es muy despreciado en estos días, pero ten por seguro, querido lector, que es a la vez lo más seguro y lo más dichoso. Quien cede al mundo un punto o dos está en temible peligro; quien come las uvas de Sodoma pronto beberá el vino de Gomorra. Una pequeña grieta en el dique del mar en Holanda deja entrar el mar, y la brecha pronto se hincha hasta que una provincia queda anegada. La conformidad con el mundo, en cualquier grado, es un lazo para el alma, y la hace cada vez más propensa a pecados de presunción. Además, así como el nazareo que bebía el jugo de la uva no podía estar del todo seguro de si no habría sufrido algún grado de fermentación, y por consiguiente no podía tener claro en el corazón que su nazareato seguía intacto, así el cristiano que cede y contemporiza no puede llevar una conciencia sin ofensa, sino que ha de sentir que el monitor interior duda de él. De las cosas dudosas no tenemos por qué dudar: para nosotros son malas. Con las cosas que tientan no debemos juguetear, sino huir de ellas con prontitud. Más vale que se burlen de ti como de un puritano que ser despreciado como hipócrita. El andar cuidadoso puede implicar mucha abnegación, pero tiene placeres propios que son más que una recompensa suficiente.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde