‹ Devocional

28 de agosto

Mañana

Éxodo 25:6«Aceite para la luminaria»

Alma mía, cuánto necesitas esto, porque tu lámpara no seguirá ardiendo mucho tiempo sin ello. Tu pabilo humeará y vendrá a ser una ofensa si la luz falta, y faltará si el aceite está ausente. No tienes ningún manantial de aceite que brote en tu naturaleza humana y, por tanto, has de ir a los que venden y comprar para ti, o, como las vírgenes insensatas, tendrás que clamar: «se me apagó la lámpara». Ni siquiera las lámparas consagradas podían dar luz sin aceite; aunque brillaban en el tabernáculo, necesitaban ser alimentadas; aunque ningún viento recio soplaba sobre ellas, requerían ser despabiladas; y tu necesidad es igual de grande. Bajo las circunstancias más dichosas no puedes dar luz ni una hora más, a menos que se te dé aceite fresco de la gracia.

No todo aceite podía usarse en el servicio del Señor; ni el petróleo que brota tan en abundancia de la tierra, ni el producto de los peces, ni el que se extrae de las nueces habría sido aceptado; un solo aceite fue escogido, y ese el mejor aceite de oliva. La gracia fingida, salida de la bondad natural, la gracia imaginada, venida de manos sacerdotales, o la gracia imaginaria, procedente de ceremonias exteriores, nunca servirán al verdadero santo de Dios; él sabe que el Señor no se agradaría con ríos de tal aceite. Va al lagar de olivas de Getsemaní, y saca su provisión de aquel que fue triturado allí. El aceite de la gracia del evangelio es puro y está libre de heces y posos, y de ahí que la luz que con él se alimenta sea clara y brillante. Nuestras iglesias son los candeleros de oro del Salvador, y si han de ser luces en este mundo oscuro, deben tener mucho aceite santo. Oremos por nosotros mismos, por nuestros ministros y por nuestras iglesias, para que nunca les falte aceite para la luz. La verdad, la santidad, el gozo, el conocimiento, el amor: todos estos son rayos de la luz sagrada, pero no podemos darlos si en privado no recibimos aceite de Dios el Espíritu Santo.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Isaías 54:1«Alégrate, oh estéril»

Aunque hemos dado algún fruto para Cristo, y tenemos una esperanza gozosa de que somos «plantas de la plantación de su propia diestra», con todo hay tiempos en que nos sentimos muy estériles. La oración está sin vida, el amor está frío, la fe está débil; cada gracia en el huerto de nuestro corazón languidece y se marchita. Somos como flores bajo el sol ardiente, que necesitan el aguacero que refresca. En tal condición, ¿qué hemos de hacer? El texto se dirige a nosotros justamente en tal estado. «Alégrate, oh estéril … levanta canción, y da voces de júbilo». Pero ¿de qué puedo cantar? No puedo hablar del presente, y aun el pasado parece lleno de esterilidad. ¡Ah! Puedo cantar de Jesucristo. Puedo hablar de visitas que el Redentor me hizo en otro tiempo; o, si no de estas, puedo magnificar el gran amor con que amó a su pueblo cuando vino de las alturas del cielo para redimirlo. Iré otra vez a la cruz. Ven, alma mía: cargada estuviste una vez, y allí perdiste tu carga. Ve otra vez al Calvario. Quizá aquella misma cruz que te dio vida pueda darte fecundidad. ¿Qué es mi esterilidad? Es la plataforma para su poder creador de fruto. ¿Qué es mi desolación? Es el engaste negro para el zafiro de su amor eterno. Iré en pobreza, iré en desamparo, iré en toda mi vergüenza y mi descarriamiento; le diré que todavía soy su hijo, y, con confianza en su corazón fiel, aun yo, el estéril, cantaré y daré voces de júbilo.

Canta, creyente, porque alegrará tu propio corazón y los corazones de otros desolados. Sigue cantando, porque ahora que de veras te avergüenzas de estar estéril, pronto serás fecundo; ahora que Dios hace que aborrezcas estar sin fruto, pronto te cubrirá de racimos. La experiencia de nuestra esterilidad es dolorosa, pero las visitaciones del Señor son deliciosas. El sentido de nuestra propia pobreza nos lleva a Cristo, y allí es donde necesitamos estar, porque en él se halla nuestro fruto.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde