‹ Devocional

20 de agosto

Mañana

2 Samuel 23:1«el suave en cánticos de Israel»

Entre todos los santos cuyas vidas quedan registradas en la Sagrada Escritura, David posee una experiencia del carácter más llamativo, variado e instructivo. En su historia encontramos pruebas y tentaciones que no se hallan, como conjunto, en otros santos de los tiempos antiguos, y por ello es un tipo de nuestro Señor tanto más sugerente. David conoció las pruebas de todos los rangos y condiciones de los hombres. Los reyes tienen sus congojas, y David ciñó corona; el campesino tiene sus cuidados, y David empuñó el cayado del pastor; el errante tiene muchas fatigas, y David moró en las cuevas de Engadi; el capitán tiene sus dificultades, y David halló a los hijos de Sarvia demasiado duros para él. El salmista fue probado también en sus amigos: su consejero Ahitofel lo desamparó. «El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar» (Juan 13:18). Sus peores enemigos fueron los de su propia casa: sus hijos fueron su mayor aflicción. Las tentaciones de la pobreza y de la riqueza, de la honra y del oprobio, de la salud y de la debilidad, todas probaron su poder sobre él. Tuvo tentaciones de fuera para perturbar su paz, y de dentro para dañar su gozo. Apenas escapaba David de una prueba cuando caía en otra; apenas salía de una temporada de desaliento y alarma, cuando era llevado de nuevo a las profundidades más hondas, y todas las ondas y las olas de Dios rodaban sobre él. Probablemente por esta causa los salmos de David son tan universalmente el deleite de los cristianos experimentados. Cualquiera que sea nuestro estado de ánimo, sea éxtasis o depresión, David ha descrito con exactitud nuestras emociones. Fue un maestro hábil del corazón humano, porque se había formado en la mejor de todas las escuelas: la escuela de la experiencia personal, sentida en el corazón. Conforme se nos instruye en la misma escuela, conforme maduramos en la gracia y en los años, apreciamos cada vez más los salmos de David, y los hallamos «lugares de delicados pastos» (Salmos 23:2). Alma mía, que la experiencia de David te anime y te aconseje en este día.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Nehemías 3:8«Así dejaron [reparado] á Jerusalem hasta el muro ancho»

Las ciudades bien fortificadas tienen muros anchos, y así los tuvo Jerusalén en su gloria. La Nueva Jerusalén debe, del mismo modo, estar rodeada y preservada por un muro ancho de no conformidad con el mundo, y de separación de sus costumbres y de su espíritu. La tendencia de estos días derriba la barrera santa, y hace meramente nominal la distinción entre la iglesia y el mundo. Los profesantes ya no son estrictos y puritanos; por todas partes se lee literatura cuestionable, se permiten corrientemente pasatiempos frívolos, y una laxitud general amenaza con privar al pueblo peculiar del Señor de aquellas singularidades sagradas que lo separan de los pecadores. Será un mal día para la iglesia y para el mundo cuando se complete la amalgama propuesta, y los hijos de Dios y las hijas de los hombres sean como uno solo: entonces se dará entrada a otro diluvio de ira. Amado lector, sea tu mira, en el corazón, en la palabra, en el vestido y en la acción, mantener el muro ancho, recordando que la amistad de este mundo es enemistad contra Dios.

El muro ancho ofrecía a los habitantes de Jerusalén un lugar agradable de reunión, desde el cual podían dominar el panorama del país circundante. Esto nos recuerda los mandamientos sobremanera anchos del Señor, en los cuales andamos en libertad, en comunión con Jesús, mirando desde lo alto las escenas de la tierra y oteando hacia las glorias del cielo. Separados del mundo, y negándonos toda impiedad y las concupiscencias carnales, no estamos, sin embargo, en prisión, ni restringidos dentro de límites estrechos; no: andamos en libertad, porque guardamos sus preceptos. Ven, lector: esta tarde anda con Dios en sus estatutos. Como el amigo encontraba al amigo sobre el muro de la ciudad, así encuéntrate tú con tu Dios en el camino de la santa oración y de la meditación. Los baluartes de la salvación tienes derecho a recorrerlos, porque eres hombre libre del burgo real, ciudadano de la metrópoli del universo.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde