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19 de agosto

Mañana

Miqueas 5:4«estará, y apacentará con fortaleza de Jehová»

El reinado de Cristo en su Iglesia es el de un rey pastor. Tiene la supremacía, pero es la superioridad de un pastor sabio y tierno sobre su rebaño necesitado y amoroso; manda y recibe obediencia, pero es la obediencia voluntaria de las ovejas bien cuidadas, rendida con gozo a su amado Pastor, cuya voz conocen tan bien. Gobierna por la fuerza del amor y por la energía de la bondad.

Su reinado es práctico en su carácter. Se dice: «estará, y apacentará». La gran Cabeza de la Iglesia está ocupada activamente en proveer para su pueblo. No se sienta sobre el trono en pompa vacía, ni sostiene un cetro sin empuñarlo en el gobierno. No: él está en pie y apacienta. La expresión «apacentará», en el original, es semejante a una análoga en el griego, que significa pastorear, hacer todo lo que se espera de un pastor: guiar, vigilar, preservar, restaurar, cuidar, lo mismo que apacentar.

Su reinado es continuo en su duración. Se dice: «estará, y apacentará»; no: «Apacentará de vez en cuando, y dejará su puesto»; no: «Un día concederá un avivamiento, y al día siguiente dejará a su Iglesia en la esterilidad». Sus ojos nunca dormitan, y sus manos nunca reposan; su corazón nunca deja de latir de amor, y sus hombros nunca se cansan de llevar las cargas de su pueblo.

Su reinado es poderoso con eficacia en su acción: «apacentará con fortaleza de Jehová». Dondequiera que está Cristo, allí está Dios; y cuanto Cristo hace es acto del Altísimo. ¡Oh! es verdad gozosa considerar que quien está hoy en pie representando los intereses de su pueblo es Dios verdadero de Dios verdadero, ante quien toda rodilla se doblará. Dichosos nosotros, que pertenecemos a tal pastor, cuya humanidad tiene comunión con nosotros, y cuya divinidad nos protege. Adoremos y postrémonos delante de él, como pueblo de su prado.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 31:4«Me sacarás de la red que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza»

Nuestros enemigos espirituales son cría de la serpiente, y buscan enredarnos con sutileza. La oración que tenemos delante supone la posibilidad de que el creyente quede preso como un ave. Tan diestramente hace el pajarero su obra, que los simples pronto quedan cercados por la red. El texto pide que aun de entre las mallas de Satanás sea librado el cautivo; esta es una petición propia, y una que puede ser concedida: de entre las fauces del león, y del vientre del infierno, puede el amor eterno rescatar al santo. Puede hacer falta un tirón agudo para salvar un alma de la red de las tentaciones, y un tirón poderoso para sacar a un hombre de los lazos de la astucia maliciosa, pero el Señor está a la altura de toda emergencia, y las redes más hábilmente tendidas del cazador nunca podrán retener a sus escogidos. ¡Ay de los que son tan diestros en tender redes! Los que tientan a otros serán destruidos ellos mismos.

«porque tú eres mi fortaleza». ¡Qué dulzura inexpresable se halla en estas pocas palabras! ¡Con cuánto gozo podemos hacer frente a los trabajos, y con cuánta alegría podemos soportar los sufrimientos, cuando podemos asirnos de la fuerza celestial! El poder divino desgarrará todas las redes de nuestros enemigos, confundirá sus políticas y frustrará sus tretas de bellacos; dichoso el hombre que tiene de su parte un poder tan sin igual. Nuestra propia fuerza serviría de poco cuando estamos enredados en las redes de la astucia vil, pero la fuerza del Señor está siempre disponible; no tenemos más que invocarla, y la hallaremos cerca, a la mano. Si por la fe dependemos únicamente de la fuerza del poderoso Dios de Israel, podemos usar nuestra santa confianza como alegato en la súplica.

Señor, tu rostro buscamos para siempre: Tentados estamos, y pobres, y débiles; Guárdanos con corazones humildes, y mansos. Que no caigamos. Que no caigamos.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde