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18 de agosto

Mañana

Jeremías 51:51«vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa de Jehová»

En este relato los rostros del pueblo del Señor estaban cubiertos de vergüenza, porque era cosa terrible que los hombres se entrometieran en el Lugar Santo reservado solo para los sacerdotes. Por todas partes, en torno nuestro, vemos igual motivo de dolor. ¡Cuántos hombres impíos se educan ahora con la mira de entrar en el ministerio! ¡Qué pecado que clama es esa mentira solemne por la cual toda nuestra población queda comprendida nominalmente en una Iglesia Nacional! ¡Cuán temible es que las ordenanzas se impongan a los inconversos, y que entre las iglesias más ilustradas de nuestra tierra haya tal laxitud de disciplina! Si los millares que leerán esta porción presentan todos hoy este asunto ante el Señor Jesús, él intervendrá y apartará el mal que de otro modo vendrá sobre su Iglesia. Adulterar la Iglesia es contaminar un pozo, derramar agua sobre el fuego, sembrar de piedras un campo fértil. Ojalá todos tengamos gracia para mantener, cada cual en su manera propia, la pureza de la Iglesia, por ser una asamblea de creyentes, y no una nación, una comunidad no salva de hombres inconversos.

Nuestro celo, con todo, debe empezar por casa. Examinémonos en cuanto a nuestro derecho de comer en la mesa del Señor. Miremos bien que tengamos puesto el vestido de bodas, no sea que nosotros mismos seamos intrusos en los santuarios del Señor. Muchos son llamados, y pocos escogidos; el camino es angosto, y la puerta es estrecha. ¡Oh, gracia para venir a Jesús como se debe, con la fe de los escogidos de Dios! Aquel que hirió a Uza por tocar el arca es muy celoso de sus dos ordenanzas; como verdadero creyente puedo acercarme a ellas con libertad; como extraño no debo tocarlas, no sea que muera. Escudriñar el corazón es deber de todos los que son bautizados o vienen a la mesa del Señor. «Examíname, oh Dios, y conoce mi camino; pruébame, y conoce mi corazón».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Marcos 15:23«Y le dieron á beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó»

Una verdad de oro se encierra en el hecho de que el Salvador apartó de sus labios la copa de vino con mirra. En las alturas del cielo el Hijo de Dios estaba en pie desde antiguo, y al mirar hacia abajo, a nuestro globo, midió el largo descenso hasta las profundidades últimas de la miseria humana; sumó el total de todas las agonías que la expiación requeriría, y no rebajó ni una jota. Determinó solemnemente que, para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino, de lo más alto a lo más bajo, del trono de la gloria más alta a la cruz del dolor más hondo. Esta copa con mirra, con su influjo soporífero, lo habría detenido un poco antes del límite extremo de la miseria; por eso la rehusó. No quiso quedarse corto de todo lo que había emprendido sufrir por su pueblo. ¡Ah, cuántos de nosotros hemos suspirado por alivios de nuestro dolor que nos habrían sido dañinos! Lector, ¿nunca pediste, con avidez petulante y voluntariosa, que se te diera de baja de un servicio duro o de un sufrimiento? La Providencia te ha quitado de un golpe el deseo de tus ojos. Di, cristiano: si se hubiera dicho: «Si así lo deseas, ese amado tuyo vivirá, pero Dios será deshonrado», ¿habrías apartado la tentación y dicho: «hágase tu voluntad»? ¡Oh, es dulce poder decir: «Señor mío, si por otras razones no necesito sufrir, con todo, si puedo honrarte más sufriendo, y si la pérdida de todo lo mío en la tierra te ha de traer gloria, entonces que así sea. Rehúso el consuelo, si viene en el camino de tu honra»! ¡Ojalá anduviéramos así más en las pisadas de nuestro Señor, soportando con alegría la prueba por amor de él, apartando pronta y de buena gana el pensamiento del yo y del consuelo cuando estorbaría que acabemos la obra que él nos ha dado que hagamos! Gran gracia se necesita, pero gran gracia está provista.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde