16 de agosto
Mañana
Salmos 29:2«Dad á Jehová la gloria debida á su nombre»La gloria de Dios es el resultado de su naturaleza y de sus actos. Él es glorioso en su carácter, porque hay en Dios tal caudal de todo lo que es santo, y bueno, y amable, que tiene que ser glorioso. Las acciones que fluyen de su carácter también son gloriosas; pero, aunque él quiere que manifiesten a sus criaturas su bondad, y misericordia, y justicia, le importa por igual que la gloria asociada con ellas se dé únicamente a él mismo. Tampoco hay nada en nosotros mismos de que podamos gloriarnos; porque ¿quién nos hace diferentes de otro? ¿Y qué tenemos que no hayamos recibido del Dios de toda gracia? ¡Entonces, cuán cuidadosos debemos ser de andar humildemente delante del Señor! En el momento en que nos gloriamos a nosotros mismos, puesto que en el universo solo hay lugar para una gloria, nos erigimos como rivales del Altísimo. ¿Se gloriará el insecto de una hora contra el sol que lo calentó hasta darle vida? ¿Se exaltará el tiesto por encima del hombre que lo modeló sobre el torno? ¿Contenderá el polvo del desierto con el torbellino? ¿O lucharán las gotas del océano contra la tempestad? Den al Señor, todos ustedes los justos, den al Señor gloria y fortaleza; denle la honra que es debida a su nombre. Con todo, es quizá una de las luchas más duras de la vida cristiana aprender esta sentencia: «No á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, sino á tu nombre da gloria» (Salmos 115:1). Es una lección que Dios nos enseña siempre, y a veces nos la enseña con la disciplina más dolorosa. Que un cristiano empiece a jactarse: «Todo lo puedo», sin añadir «en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13), y en poco tiempo tendrá que gemir: «no puedo hacer nada», y lamentarse en el polvo. Cuando hacemos algo para el Señor, y a él le place aceptar lo que hacemos, pongamos nuestra corona a sus pies, y exclamemos: «no yo, sino la gracia de Dios que fué conmigo» (1 Corintios 15:10).
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Romanos 8:23«nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu»Se declara la posesión presente. En este momento presente tenemos las primicias del Espíritu. Tenemos el arrepentimiento, esa gema de primera agua; la fe, esa perla sin precio; la esperanza, la esmeralda celestial; y el amor, el rubí glorioso. Ya somos hechos «nuevas criaturas en Cristo Jesús», por la operación eficaz de Dios el Espíritu Santo. A esto se le llama primicia porque viene primero. Como la gavilla mecida fue la primera de la cosecha, así la vida espiritual, y todas las gracias que adornan esa vida, son las primeras operaciones del Espíritu de Dios en nuestras almas. Las primicias eran la prenda de la cosecha. Tan pronto como el israelita había arrancado el primer puñado de espigas maduras, miraba hacia adelante con alegre expectación al tiempo en que el carro crujiría bajo las gavillas. Así, hermanos, cuando Dios nos da cosas que son puras, amables y de buen nombre, como obra del Espíritu Santo, estas son para nosotros los pronósticos de la gloria venidera. Las primicias eran siempre santas para el Señor, y nuestra nueva naturaleza, con todas sus potencias, es cosa consagrada. La vida nueva no es nuestra para que atribuyamos su excelencia a nuestro propio mérito; es imagen y creación de Cristo, y está ordenada para su gloria. Pero las primicias no eran la cosecha, y las obras del Espíritu en nosotros en este momento no son la consumación: la perfección está aún por venir. No debemos jactarnos de haber alcanzado, y contar así la gavilla mecida como todo el producto del año: hemos de tener hambre y sed de justicia, y jadear por el día de la redención plena. Querido lector, esta tarde abre bien la boca, y Dios la llenará. Deja que la dádiva en posesión presente despierte en ti una avaricia sagrada de más gracia. Gime dentro de ti por grados más altos de consagración, y tu Señor te los concederá, porque él puede hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o aun pensamos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde