14 de agosto
Mañana
Salmos 92:4«me has alegrado, oh Jehová, con tus obras»¿Crees que tus pecados están perdonados, y que Cristo ha hecho por ellos una expiación completa? ¡Entonces, qué cristiano alegre debes ser! ¡Cómo debes vivir por encima de las pruebas y las tribulaciones comunes del mundo! Puesto que el pecado está perdonado, ¿puede importar lo que te suceda ahora? Lutero dijo: «Hiere, Señor, hiere, porque mi pecado está perdonado; si tan solo me has perdonado, hiere tan fuerte como quieras»; y con espíritu semejante puedes decir: «Envía enfermedad, pobreza, pérdidas, cruces, persecución, lo que tú quieras; tú me has perdonado, y mi alma está alegre». Cristiano, si así estás salvo, mientras estás alegre, sé agradecido y amoroso. Aférrate a aquella cruz que se llevó tu pecado; sirve tú a aquel que te sirvió. «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, [que es] vuestro racional culto» (Romanos 12:1). No dejes que tu celo se evapore en alguna pequeña ebullición de cántico. Muestra tu amor con señales expresivas. Ama a los hermanos de aquel que te amó. Si hay en alguna parte un Mefiboset cojo o renco, ayúdalo por amor de Jonatán. Si hay un pobre creyente probado, llora con él, y lleva su cruz por amor de aquel que lloró por ti y cargó tus pecados. Puesto que así eres perdonado gratuitamente por amor de Cristo, ve y di a otros la alegre noticia de la misericordia que perdona. No te contentes con esta bendición inefable solo para ti, sino publica por todas partes la historia de la cruz. El santo gozo y la santa osadía harán de ti un buen predicador, y todo el mundo será un púlpito en el que prediques. La santidad alegre es el más contundente de los sermones, pero el Señor tiene que dártela. Búscala esta mañana antes de que salgas al mundo. Cuando es la obra del Señor aquella en la que nos gozamos, no hemos de temer el ser demasiado alegres.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Éxodo 3:7«tengo conocidas sus angustias»El niño cobra ánimo mientras canta: «Esto mi padre lo sabe»; ¿y no hemos de ser consolados nosotros al discernir que nuestro querido Amigo y tierno Esposo del alma lo sabe todo acerca de nosotros?
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Él es el Médico, y si él lo sabe todo, no hay necesidad de que lo sepa el paciente. ¡Calla, corazón necio y revoloteante, que fisgas, atisbas y sospechas! Lo que ahora no sabes, lo sabrás después, y entretanto Jesús, el Médico amado, conoce tu alma en las adversidades. ¿Por qué necesita el paciente analizar toda la medicina, o calcular todos los síntomas? Esta es obra del Médico, no mía; a mí me corresponde confiar, y a él recetar. Si él escribe su receta en caracteres toscos que yo no puedo leer, no me inquietaré por eso, sino que me apoyaré en su pericia infalible para dejarlo todo claro en el resultado, por misterioso que sea el modo de obrar.
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Él es el Amo, y su conocimiento ha de servirnos en lugar del nuestro; hemos de obedecer, no juzgar: «el siervo no sabe lo que hace su señor» (Juan 15:15). ¿Ha de explicar el arquitecto sus planos a cada peón de la obra? Si él conoce su propia intención, ¿no basta? La vasija sobre el torno no puede adivinar a qué modelo será conformada, pero si el alfarero entiende su arte, ¿qué importa la ignorancia del barro? Mi Señor no ha de ser interrogado más por uno tan ignorante como yo.
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Él es la Cabeza. Todo entendimiento se centra allí. ¿Qué juicio tiene el brazo? ¿Qué comprensión tiene el pie? Todo el poder de conocer reside en la cabeza. ¿Por qué habría de tener el miembro un cerebro propio cuando la cabeza cumple por él todo oficio intelectual? Aquí, pues, ha de reposar el creyente su consuelo en la enfermedad: no en que él mismo pueda ver el fin, sino en que Jesús lo sabe todo. Dulce Señor, sé tú para siempre ojo, y alma, y cabeza para nosotros, y déjanos contentarnos con saber únicamente lo que tú eliges revelar.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde